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Category Archives: Vic Chesnutt



Mark Linkous de /o Sparklehorse trágicamente se quitaba la vida un 6 de Marzo en mi pequeño pueblo del sur de Knoxville, Tennessee. Se ha labrado una constelación de estrellas que se ciernen sobre esta ciudad. Sé que cada vez que pase por allí en el futuro, voy a sentir su presencia y saber que no estoy solo.

En parte es por esto que tengo que tomar un segundo vistazo a Good Morning Spider, sin duda el álbum de quiebre de Sparklehorse. Uno de nuestros escritores, Bill Delaney, tuvo una segunda mirada a Blood Visions de Jay Reatard después de que muriera, y decía que no quería elogiar a Jay Reatard. Tengo que diferenciar esta parte de la de mi colega. Esto es mitad elogio y mitad mensaje a Linkous, una forma de hacerle saber que su música es amada aquí, en otras pequeñas ciudades, y en grandes y opresivas ciudades también.

Fué probablemente Good Morning Spider, la primera vez que me encontré con esta indescriptiblemente triste música, pero muy agradable en su devastación. El título del álbum es muy apropiado, puedes obtener una imagen de matar a una araña en una mañana húmeda y luego barrerla al patio, convirtiendose en parte de la tierra. Un bello concepto: la muerte que da lugar a la vida. Pero también hay una oscuridad sobre él, porque estás aplastando a la araña antes de que te hiera. Este álbum puede hacer que cualquiera sienta esas emociones en conflicto, viniendo en olas que, o bién te derriban o tiran de tí hacia más allá.

“Pig” comienza con algunos rasgueos suaves de guitarra y algunas voces ininteligibles, pero rápidamente se lanza a una canción con espíritu punk / grunge / riot grrrls. Dada la dualidad de la canción, es una elección excelente y muy inteligente para abrir el álbum. La angustia aparece por todas partes del disco, se manifiesta tanto en la fragilidad, como en la inmediatez de emociones que bordean peligrosamente territorios de crisis. Una canción que introduce al oyente a ambos lados del disco.

“Painbirds” cambia la fragilidad anterior, con una, aparentemente simple canción lo-fi de ritmo constante, pero con texturas que puedes descubrir con cada escucha: cuerdas, piano, vientos.. decorados con delicados centelleos de luz y reverb. Añadiendo texturas a la canción susurraba, “Here come the painbirds,” y en un instante, todo parece que va a desmoronarse.

Es la razón por la que “Spider” abarca la línea entre fragilidad y frenética, sonando como que podría romperse en cualquier momento, como una muñeca de porcelana que se ha caído y que rápidamente han sido pegadas sus partes, y puesta al lado de una ventana abierta. En realidad, fácilmente podría ser visto como una analogía de Linkous, ya que escribió el material un poco antes de su experiencia cercana a la muerte en el ’96. Este acontecimiento influyó en el toque final del álbum, con canciones como “Saint Mary,” un guiño al nombre del hospital de Londres donde quedó luego de su sobredosis. Un soundtrack algo destructivo para hombres casi-caídos a los que se le dió una segunda oportunidad, pero que sin embargo, nunca sintieron seguros de estar en equilibrio.

La incertidumbre se refleja en temas como “Chaos of the Galaxy/Happy Man,” francamente hermosa en su fácil melodía de amigable pop, empañada en rumores de radio y distorsión a lo largo de la canción. Como si Linkous no estubiese seguro de una creación tan bella, e intencionalmente la “boicoteara”. No por ello es una mala canción, por el contrario, es posiblemente una de las mayores piezas de “Good Morning”, con un Linkous nervioso gritando: “¡Todo lo que quiero es ser un hombre feliz”, resoplando sobre un lejano riff de electric-guitar, y su voz cayendo más profundamente en la distorsión, como si ahogandose. Uno de esos raros momentos especiales en el álbum en el que la fragilidad y la angustia se encuentran, y posiblemente genera más lágrimas que en sus más susurrantes momentos acústicos.

En canciones como “Maria’s Little Elbows” y “Sick of Goodbyes,” Sudamérica y las raíces de las mineras tierras de la Virginia de Linkous, un lugar destacado con melodías, armonías, tonos de guitarra y cambios de acordes muy típicos de la cultura americana, y sin embargo tan típicamente Sparklehorse.

Por supuesto, en “Sunshine”, la sutil colaboración de Vic Chesnutt, otra angustiosa alma caída del sur. Linkous continúa su homenaje sureño con la inclusión de “Hey, Joe” de Daniel Johnston, que lleva un montón de sentido, ya que el anuncio oficial de la familia sobre su descanso fué con la frase final de la canción.

” Hay un cielo y allí un estrella para ti. “

Good Morning Spider podría estar fuertemente influenciada por Americana, pero lo bueno es que es una verdadera paleta de sonidos. Parte garaje, parte punk, folk, parte psych pop, y que ni siquiera comienza a arañar la superficie. Mark fué un artista diverso, influenciado por muchas cosas, que dejaba fluir sus influencias en su trabajo, sin reprimir nada. En muchos sentidos, este álbum es el resultado de ese libre flujo de honestidad.

Cada vez que un artista muere, se tiende a buscar muy profundamente en su trabajo, en busca de respuestas. Es un cliché, pero como podríamos no hacer lo mismo con Good Morning Spider? Aquí tenemos a uno de los artistas más perpetuamente heridos en la memoria reciente, creando uno de los más tristes y delicados álbumes de los años 90. En “Saint Mary,” las lamentables peticiones de muerte (“Please let me taste the clean dirt in my lungs and moss on my back.”) O recita la vieja oración de la hora de dormir en “Come On In” (“If I die before I wake, I pray my soul to take”). Si bién no son exactamente las respuestas, que sirvan de ventanas al corazón y mente de Linkous, nunca salió de la oscuridad que lo envolvía por aquellos años.

Una línea de la canción final, “Junebug”, dice: “Bring me some luck, little Junebug / the March afternoons / the sun and the moon.” Difícil no trazar paralelos ya que Linkous murió en una tarde de marzo, en momentos en que se mudaba a Knoxville con su compañero de banda Scott Minor, tratando de conseguir un nuevo comienzo en su vida. Después de recibir un mensaje de texto con una mala noticia, fué a dar un paseo y nunca volvió. Tal vez el Junebug no le trajo suerte ese día. Sé que Mark todavía está por aquí. Por otra parte, si finalmente está en paz? Es como cantó en la canción “Hundreds of Sparrows”:

“Mi espíritu es raro en mi cuerpo

pasea por el seco campo

buscando un buen lugar para descansar.”

Es muy posible que Mark finalmente encontrara ese lugar.

Read the original Review Here

On March 6th, Mark Linkous of Sparklehorse tragically took his own life in my small Southern town of Knoxville, Tennessee. He has carved himself a constellation in the stars that hang over this city. I know every time I pass the historic North Knoxville district in the future, the very part of town where Linkous ceased living, I will feel his presence and know that I am not alone.

It’s partly because of this that I must take a Second Look at Sparklehorse’s Good Morning Spider, arguably the group’s breakthrough album from 1999. One of our writers, Bill Delaney, took a Second Look at Jay Reatard’s Blood Visions briefly after Jay died, and in his piece, he asserted that he did not want to eulogize Jay Reatard. I must differentiate this piece from my colleague’s. It is half eulogy and half message to Linkous—a way to let him know that his music is loved here, other small towns, and big, oppressive cities, all the same.

Good Morning Spider was probably the first time I’d encountered such unspeakably sad music that was also quite enchanting in its devastation. For this, the album’s title is appropriate—I get an image of killing a spider on a dewy morning and subsequently sweeping the dead creature out into the yard. It becomes part of the earth. That’s a beautiful concept: death giving rise to life. But there is also a darkness about it, because you’re crushing the spider before it hurts you. This entire album can make anyone feel these conflicting emotions, and they come in waves that will either knock you down or pull you in even further.

In “Pig,” the album’s opening track, it starts with some gentle strumming on a guitar and some unintelligible vocals but quickly launches into a song with punk/grunge/riot grrrl ethos. Because of the song’s duality, using “Pig” as an opener was a savvy choice. Anguish is everywhere on the record, but it manifests itself in either fragility or grounded immediacy that borders dangerously on nervous breakdown territory. This song introduces the listener to both sides of the album.

“Painbirds” switches to that aforementioned fragility, a seemingly simple lo-fi song with a steady beat, but it possesses textures that you hear and discover with each listen: piano, cornet, strings, all decorated with twinkling and reverb. It all seems so very delicate. He adds another texture to the song by softly singing, “Here come the painbirds,” and in one instant, everything seems like it’s going to fall apart.

There’s a reason Good Morning Spider straddles the line between frantic and fragile and sounds like it could shatter at any moment, like a porcelain doll that has fallen and has been hastily glued back together—and that doll is propped up next to an open window. Really, this can easily be seen as an analogy for Linkous, since he wrote the material a bit before his near-death experience in ’96. That event influenced the final touches of the album with songs like “Saint Mary,” a nod to the name of the London hospital where Linkous stayed after his overdose. It’s a soundtrack for a somewhat destructive nearly-fallen man who was given a second chance, yet still never quite felt sure in his footing.

That uncertainty is reflective in tracks like “Chaos of the Galaxy/Happy Man,” which is downright lovely in its pop-friendly melody, but it’s clouded by radio buzz and distortion for the majority of the song. It’s as though Linkous wasn’t sure about such a beautiful creation and intentionally “ruined” it. That doesn’t make the song bad—on the contrary, it’s possibly one of the greatest pieces on Good Morning Spider, with Linkous nervously shouting, “All I want is to be a happy man,” chugging away at an electric guitar riff, his voice falling deeper into the distortion, as if he were drowning. It’s one of those rare, special moments on the album in which the fragility and the angst meet, and for that, it’s possibly even more tear jerking than even the most whispery, acoustic moments on the record.

In songs like “Maria’s Little Elbows” and “Sick of Goodbyes,” the American South and Linkous’ Virginian coal mining roots come through, prominently featuring melodies, harmonies, guitar tones and chord changes quite typical of Americana, yet somehow they’re still uniquely Sparklehorse. Of course, on “Sunshine,” there’s the subtle collaboration with Vic Chesnutt, another fallen, anguished Southern soul. Linkous continues his homage to the South by including a Daniel Johnston-written track, “Hey, Joe,” which carries a lot of meaning now that Linkous’ family’s official death announcement ended with the song’s closing lyric, “There’s a heaven and there’s a star for you.”

Good Morning Spider might be heavily influenced by Americana, but what’s great is that it doesn’t restrict itself to one genre. It’s truly a palette of sounds. It’s one part garage, one part punk, one part folk, one part psych pop, and that doesn’t even begin to scratch the surface. Linkous was a diverse artist, influenced by a multitude of things, and he let those influences flow into every aspect of his work, being sure not to suppress anything. In many ways, this album is a result of that free-flowing, uncompromising honesty. Linkous stayed true to himself, but the album still feels cohesive. It’s one of many ways the opus is a gorgeous paradox.

Anytime an artist dies, we tend to look too deeply into their work, looking for answers. It can get clichéd, but how can we not do that with Good Morning Spider? Here, we have one of the most perpetually pained artists in recent memory that created one of the saddest, most delicate albums of the ‘90s. In “Saint Mary,” Linkous woefully requests death (“Please let me taste the clean dirt in my lungs and moss on my back.”) or recites the old bedtime prayer in “Come On In” (“If I die before I wake, I pray my soul to take”). While these aren’t exactly answers, they serve as windows into the heart and mind of Linkous, who never quite emerged from the darkness that enveloped him all those years ago.

A line in the closing song, “Junebug” goes, “Bring me some luck, little Junebug / the March afternoons / the sun and the moon.” I can’t help but draw the parallels, since Linkous died on a March afternoon, at a time when he was moving to Knoxville with Sparklehorse bandmate Scott Minor, trying to get a new start on his life. After receiving a text message with some bad news, he went for a walk, and he never came back. Perhaps the Junebug failed to bring him luck that day—I doubt anyone truly knows what happened. I know that he’s still here, forever living that line. Then again, what if he’s finally at peace? It’s like he sang in the song “Hundreds of Sparrows”: “My spirit’s rarely in my body / it wanders through the dry country / looking for a good place to rest.”

It’s entirely possible Mark Linkous finally found that place.

o en A Second Look, writen by Arika Dean

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