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Category Archives: Chad VanGaalen



From Stevie Wonder and Todd Rundgren to Bon Iver’s Justin Vernon, self-sufficiency in recording—being your own one-man band—has served as more than just a badge of honor. It’s also a disarmingly simple way to maintain consistency over the course of multiple albums, if not a career. On Soft Airplane, bedroom/basement-recording aficionado Chad VanGaalen still plays nearly every instrument in the mix, as he did on previous LPs Infiniheart and Skelliconnection, but something’s changed…continue reading→

Where earlier albums could seem scattershot, with tracks independently culled from hundreds of stockpiled songs, Soft Airplane is concise and fully-realized.

Here, the meandering, blippy stoner jams skillfully bleed into poignant sentiments—all in the same song. The amalgamation works, especially on one of the album’s highlights, “Cries of the Dead,” which balances a “neighbor beating his dog in the basement” with the memorable tableau:

“You went to the mountains true and painted what you saw / You came back late and hid the painting underneath our couch / And I wasn’t there when you made it / But I feel like I’m there when I’m lookin’ at it.”

It still moves, though, with a lyrical tendency toward the morbid and macabre and VanGaalen’s warbly, wavering voice that hovers somewhere near fellow Canadian Geddy Lee’s skyscrapingly-high register. In the drowsy, banjo-propelled “Willow Tree,” VanGaalen politely requests a Viking-style shrug-off of his mortal coil:

“You can take my body / put it in a boat / light it on fire / send it out to sea.”

And speaking of VanGaalen’s countrymen, the surprisingly sweet “Inside the Molecules” finds Mr. VanG nestling a physics-nerd love poem inside some crunchy, nourishing riffs that could make Neil Young crack a smile, even at his most cantankerous. Much like the basement, Soft Airplane is a little scary (and dark and dank), yet filled with untold creative surprises and delights. Sara Miller

Desde Stevie Wonder y Todd Rundgren hasta Justin Vernon (Bon Iver), una autosuficiencia en la grabación -ser tu propio hombre-orquesta– ha servido como algo más que una insignia de honor. Es también una encantadoramente sencilla forma de mantener la consistencia a lo largo de varios álbumes, incluso de una carrera. En Soft Airplane, este aficionado a las grabaciones caseras, sigue tocando casi todos los instrumentos, como lo hizo en Infiniheart y Skelliconnection, pero algo ha cambiado. En discos anteriores podía parecer disperso, con pistas aleatoriamente seleccionadas de cientos de canciones almacenadas, pero Soft Airplane es conciso y efectivo.

Aquí, los serpenteantes Blippy stoner jams, hábilmente fluyen en sus punzantes sentimientos dentro de la misma canción. La amalgama funciona, especialmente en uno de los puntos altos del álbum:

Cries of Dead

“Fuiste a las montañas, es cierto

y pintaste lo que viste

Volviste tarde y escondiste la pintura bajo nuestra cama

​​y yo no estaba cuando lo hiciste

Pero siento como si estuviera allí cuando la veo. “

La constante tendencia hacia la lírica macabra y mórbida, y la turbulencia vacilante de la voz de Vangaalen, se ronda algún lugar entre los registros más altos de compañeros canadienses como Geddy Lee (VOZ). Trás de un somnoliento banjo VanGaalen cortésmente solicita un funeral vikingo en Willow Tree :

“puedes tomar mi cuerpo / ponerlo en un barco /

prenderlo fuego y enviarlo al mar”

Y hablando de compatriotas de Vangaalen, la sorprendentemente dulce “Inside the Molecules” encuentra a Mr. VanG empollando un poema de amor physics-nerd dentro de un crujiente riff que podría hacer que Neil Young esbozara una sonrisa, incluso en su más malhumorado día. Al igual que el sótano, Soft Airplane es un poco atemorizante (además de oscuro y húmedo), y sin embargo lleno de innumerables sorpresas y creativos placeres. Sara Miller

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El debut de Chad Vangaalen es una conmovedora y agitada colección de canciones, que van desde material acústico en solitario, a ritmos electrónicos, con Chad tocando todos los instrumentos, incluyendo, piano, flauta, saxofón y violín. Estas canciones bellamente diseñadas trascienden cualquier comparación, definido por una visión única, la voz delicada y vulnerable de Chad., desgarrador y, a menudo extrañamente bailable. Infiniheart, obtuvo excelentes críticas por The Guardian, MOJO, NME, Exclaim!, y Entertainment.

Pulpa de cuentos de hadas, fáciles para entrar, y tan difíciles de dejar atrás”

– Robert Everett-Green, The Globe & Mail

“Déjenme decir esto: Infiniheart es un impresionante logro que muestra perfectamente los muchos talentos de Vangaalen – cantante, letrista, compositor, productor y arreglista (e ilustrador)- y aunque su longitud épica puede ser una experiencia desagradable en un principio, no tendrás muchas escuchas antes de clamar por más. ”

– Scott Reid, Coke Machine GlOW

“… sus días trabajando en la oscuridad están contados. Infiniheart rápidamente puede inducirte a un estado de ensueño, incluso si has tomado algunos coffees, sin embargo es más parecido a un lúcido sueño:. el sentido de estar cautivo en otro mundo, pero con la libertad de elegir tu experiencia. … La belleza de este disco reside tanto en su amplitud y la aparente desolación “.

– Helen Spitzer, Exclaim.ca

“sí bién la frase “Genio de Dormitorio” ya se ha usado mucho, en el caso de VanGaalen, nada podía ser más adecuado”

– Eye MagazinE

“Uno de los compositores-cantautores más originales del año”.

– David Peschek, The Guardian

Read the Original Here

Chad VanGaalen’s 2004 debut is is a stirring and deeply moving collection of songs varying from solo acoustic material to glitchy electronic beats, with Chad playing every instrument – as many as 20 including piano, flute, saxophone, and violin. These beautifully crafted songs really transcend any comparison; defined by a unique vision and lifted by Chad’s delicate and vulnerable vocals, they are moving, heartbreaking, and often strangely danceable. Infiniheart elicited rave reviews from The Guardian, MOJO, NME, Exclaim!, and Entertainment Weekly.

Reviews

“Pulp fairy tales that are easy to enter, so hard to leave behind”

– Robert Everett-Green, The Globe & Mail

“let me just say this: Infiniheart is a stunning achievement that perfectly showcases VanGaalen’s many talents — singer, lyricist, songwriter, producer and arranger — and though its epic length might be off-putting at first, it won’t take many listens before you’re clamouring for even more.”

– Scott Reid, Coke Machine GlOW

“…his days toiling in obscurity are numbered. Infiniheart can quickly induce a dreamlike state even if you’ve had a few coffees, but it’s more akin to lucid dreaming: the sense of being captive in another world, but with the freedom to choose what you experience. … Not unlike the prairie itself, the beauty of this recording resides in both its spaciousness and apparent desolation.”

– Helen Spitzer, Exclaim.ca

“And while the phrase ‘bedroom genius’ gets tossed around a lot, in Van Gaalen’s case, nothing could be more apt.”

– Eye MagazinE

“Some of this year’s most original and moving songwriting, and displays a breathtaking virtuosity and inventiveness on the part of its creator, who also produces, and plays virtually everything.”

– David Peschek, The Guardian 2005

“Infiniheart is a stunning achievement that perfectly showcases VanGaalen’s many talents — singer, lyricist, songwriter, producer and arranger — and though its epic length might be off-putting at first, it won’t take many listens before you’re clamouring for even more.”

– Coke Machine Glow

o en Flemish Eye

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De vez en cuando, Chad VanGaalen sale de su búnker en Calgary con un lote de canciones mostrándonos una ventana al mundo privado de este solitario y enigmático compositor. Con “Diaper Island”, VanGaalen destila su enfoque, en la producción de su álbum más cohesivo musicalmente hasta la fecha, y lo más parecido que ha hecho a un disco de rock.

Mientras que sus tres discos anteriores se hicieron en estrechos estudio de sótano, el paso a una sala de grabación más grande ofrece espacio para desarrollar y perfeccionar su sonido. Fresco aún por la producción del aclamado por la crítica “Public Strain” de Women, VanGaalen decidió evitar la comodidad de trabajar sobre el mismo lugar, y aplica algunas de las técnicas de grabación e ideas sonoras surgidas de esas sesiones. Por primera vez, los overdrives de guitarra a menudo toman el centro de las canciones, y usualmente libre de detalles melódicos que embellecieron discos anteriores. Con este foco en la guitarra, junto a equipos vintage que determinan el sonido, VanGaalen se mueve hacia una mezcla más austera, de bajo costo, en un enfoque que se asemeja mucho a la música que lo influyó en su adolescencia, mientras continúa la parábola establecida en trabajos anteriores.

La paradoja de tratar de ejercer el control en un clima de vientos de impotencia a través del álbum, ya sea en la reflexión existencial sobre la vida y la muerte, que a menudo invade las canciones de VanGaalen (“Do Not Fear,” “Replace Me”), o en el conflicto entre control y creatividad (“Freedom for a Policeman,” “No Panic, No Heat”). En el fondo del álbum es “Sara”, un sencillo canto festivo que magníficamente alaba la capacidad de sus socios y musas para nutrir de originalidad sobre el propio rostro de esta incertidumbre, capturando al compositor en su más sincera y enérgica obra.

Chad VanGaalen tal vez sea más conocido por sus ilustraciones en lugar de su producción musical. Como con todos sus álbumes anteriores, ha ilustrado todo el arte de Diaper Island. También ha intervenido en la animación del video promocional. Sus anteriores videos han sido vistos en conjunto más de un millón de veces en Youtube. También ha animado para gente como J Mascis, Guster y Holy Fuck.

VanGaalen ha trabajado silenciosamente en la construcción de un catálogo de canciones, ilustraciones y animaciones que invita a los oyentes a explorar su creatividad suavemente distintiva. Diaper Island extiende la aventura a un territorio más profundo, aprovechando el alma de VanGaalen y minando la riqueza de su mente con las herramientas más nítidas.

Read the Original Here

Every so often, Chad VanGaalen emerges from his bunker in Calgary with a batch of songs, giving us a window into the private world of this reclusive and enigmatic songwriter. With Diaper Island, VanGaalen distills his approach, producing his most sonically cohesive album to date, and the closest thing he has done to a rock album.

While VanGaalen’s three previous records were made in a cramped basement studio, a move to a larger recording room offered space to develop and refine his sound. Fresh from producing the critically-lauded Public Strain album by Women, VanGaalen decided to avoid the comfort of working on previous ground, and apply some of the recording techniques and sonic ideas that emerged from those sessions. For the first time, multi-tracked and often overdriven guitar is the instrument at the center of the songs, which are often Spartan and free of the melodic details that embellished previous albums. With this focus on guitar, combined with a beloved vintage tape machine determining the sound, VanGaalen moved towards a leaner, no-frills approach—one that more closely resembles the music that influenced him as a teenager, while continuing the arc laid out in his previous work.

The paradox of trying to assert control in a climate of helplessness winds through the album, whether in the existential pondering on life and death that often pervades VanGaalen’s songs (“Do Not Fear,” “Replace Me”), or in the conflict between control and creativity (“Freedom for a Policeman,” “No Panic, No Heat”). At the album’s heart is “Sara,” a simple and celebratory paean that gorgeously praises the ability of VanGaalen’s partner and muse to nurture his creativity in the face of this uncertainty, and captures the songwriter at his most sincere and powerful.

At this point Chad VanGaalen may perhaps be better known for his illustrative rather than his musical output. As was the case with all of his previous albums, VanGaalen has illustrated all of the art for Diaper Island himself. He’s also in the midst of animating a music video as well. His past videos have been collectively viewed well over a million times on Youtube. He’s also animated music videos for folks like J Mascis, Guster and Holy Fuck.

VanGaalen has been quietly building a catalog of songs, illustrations, and animations that invite listeners to gently explore his distinctive creativity. Diaper Island extends the adventure into deeper territory, tapping into VanGaalen’s lifeblood and mining the richness of his mind with sharper tools.

o en Sound Grammar

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