Skip to content

fakeplasticshare

tillögur að löglega afla

Category Archives: 2011

The Moth & The Mirror have catapulted themselves back into the Scottish music scene following a brief writing and recording sabbatical. The band are made up of members from an array of Scottish talent continue→

including: Stacey Sievwright (The Reindeer Section, Arab Strap) – Vocals, Guitar; Gordon Skene (Frightened Rabbit) – Guitar, Vocals; Louis Abbott (Admiral Fallow, Song of Return) – Guitar, Vocals; Kevin McCarvel – Bass; Iain Sandilands – Percussion; Peter Murch – Drums.

The band formed after Stacey, Gordon, Kevin and original drummer Murdo MacKenzie were recruited as a backing band for Colin MacLeod aka The Boy Who Trapped The Sun back in 2006. Colin went on to sign a publishing contract with Universal and moved to London. Stacey, Gordon and Murdo had built up such a rapport that they decided to continue as a collective.
The Buzz

Honestly, This World is a phenomenally fluent debut, as the skill and experience of its performers ensure that its meanings, moods and emotions are articulated loudly and clearly. The songwriting can be a little loose and undefined (‘Fire’ is the only bona fide straight-to-the-point pop song), but the ebb and flow of this record’s ambition and scope is nothing to be ashamed of. The Moth & The Mirror have plenty of wonderful ideas in them, and are more than capable of bringing them brilliantly to life. Really, they deserve to be stars in their own right.
— drownedinsound.com

LosThe Moth & The Mirror se han catapultado de nuevo en la escena musical escocesa después de una breve grabación y escritos sabáticos. Integrada por miembros de una variedad de talentos escoceses, que incluyen a Stacey Sievwright (The Reindeer Section, Arab Strap), Gordon Skene (Frightened Rabbit), Louis Abbott (Admiral Fallow, Song of Return), Kevin McCarvel, Iain Sandilands y Peter Murch.

La banda se formó después de que Stacey, Gordon, Kevin y el baterista original Murdo MacKenzie fueran reclutados en 2006 como banda de acompañamiento de Colin MacLeod (alias The Boy Who Trapped The Sun). Colin llegó a firmar un contrato editorial con Universal y se trasladó a Londres. Stacey, Gordon y Murdo habían construido una relación que decidieron continuar como colectivo.–totallyfuzzy

Honestly, This World es un fenomenalmente fluído debut, como la habilidad y experiencia de sus intérpretes para asegurarse que su significado, estados de ánimo y emociones se articulen en voz alta y clara. La composición puede ser un poco floja e indefinida (“Fire” es la única canción pop estandar), pero el flujo y reflujo de la ambición de este registro y su alcance no es nada de que avergonzarse. The Moth & The Mirror tienen un montón de ideas maravillosas, y son más que capaces de traerlos a la vida con brillantez. Realmente, merecen ser estrellas por derecho propio. –drownedinsound.com

buffer….

Anuncios

A far cry from the lush country arrangements of yesteryear, this is a whole new Bonnie, though still lovable and eerily familiar. continue→

He’s back to making albums under his own, um, name, minus Cairo Gang. The esteemed Emmett Kelly is still in tow however, along with Angel Olsen (of Babblers “fame”). The results are fantastic, but not at all like Wonder Show, nor Beware, Lie Down in the Light, or The Letting Go. Spare and dark, yet complex and ultimately uplifting, Wolfroy Goes to Town requires multiple close listens to unravel its beauty and complexity. Lead single, Quail and Dumplings, is one exception: a lush, inviting tune, but with lyrics that invoke hardship as well as hope (we got empty tummies/but that won’t always be).

If you have liked any prior works of Will Oldham, you’ll find something to like here. If you’re expecting the full country arrangements of his last couple of albums, you won’t find much of that. But you will find some comfortingly familiar voices, and songs that you won’t soon forget.

Muy lejos de los exuberantes arreglos country de antaño, esto es un totalmente nuevo Bonnie, aunque aún amable y misteriosamente familiar. Ha vuelto a hacer álbumes bajo su propio nombre, um, el nombre, menos The Cairo Gang. Sin embargo, el estimado Emmett Kelly sigue aquí, junto con Angel Olsen de los Babblers. Los resultados son fantásticos, pero no del todo como The Wonder Show, Beware, Lie Down in the Light, o The Letting Go. Guardado y oscuro, sin embargo, complejo y estimulante en última instancia, Wolfroy Goes To Town requiere una múltiple y estrecha escucha para desentrañar su belleza y complejidad. El primer single, Quail and Dumplings, es una excepción: una canción exuberante y acogedora, pero con letras que llaman a dificultades, así como también a la esperanza “tenemos estómagos vacíos / pero eso no será siempre”.

Si no te ha gustado ningún trabajo previo de Will Oldham, encontrarás algo que te guste aquí. Si estás esperando los arreglos country que abundaban en sus últimos álbumes, no encontrarás mucho de eso. Sin embargo, encontrarás voces confortablemente familiares, y canciones que no olvidarás pronto. –Michael A. Albert

buffer….

Si te ha dejado tu novia, si has perdido tu trabajo o estás atravesando una mala racha, no pasa nada, tranquilo, todo está bien, las aguas volverán a su cauce, porque Tom Waits ha sacado nuevo disco y eso suele consolarnos a sus fieles durante, por lo menos, diez años. Curarnos de cualquier dolencia, hacernos compañía o la vida más llevadera. Un noviembre lluvioso como aquel de “The Black Rider” (1993) sirve de escenario a un disco que supone el esperado regreso de Waits con material nuevo bajo el brazo desde “Real Gone” (2004) en el que llegó al paroxismo y feísmo más distorsionado y saturado. Bien visto, ese álbum supuso un punto de inflexión y el posterior directo, “Glitter And Doom” (2009), una brecha en su carrera porque este “Bad As Me” (2011) baja las revoluciones de la experimentación sonora y se asienta en lo que mejor sabe hacer el norteamericano, ese universo inventado por él mismo, ese género a medio camino entre el jazz más desquiciado y nocturno, cacerolas, bidones de gasolina, huesos, marimbas, xilófonos, banjos y guturales, afilados y roncos alaridos propios de una mula.

Aún así, no podemos quejarnos porque esa ausencia de material nuevo no ha sido precisamente una travesía por el desierto. Es verdad que hemos echado de menos canciones nuevas pero, a cambio, hizo nuestros sueños realidad cuando anunció su primera gira mundial y, por primera vez en la historia, con parada en nuestro país. Pudimos verle en directo y durante casi dos horas nos hizo sentir especiales. Así que esta ausencia discográfica la hemos vivido con cierta tranquilidad y sin la urgencia de antaño. Y en este 2011, Tom apareció como si los años no hubiesen pasado por él, un vídeo publicado en su web nos anunciaba la publicación de este “Bad As Me” y nos advertía, con su peculiar sentido del humor, sobre los placeres de escucharlo por primera vez en formato físico y no destriparlo en internet. ¿Le dirías a un amigo que su mujer espera un bebé aún cuando ésta aún no se lo ha dicho y está esperando en casa para darle la sorpresa? Y nos proponía una peculiar forma de escucharlo en su coche, bajo su atenta mirada. ¡Tom Waits había vuelto!

Poco a poco se fueron desvelando los secretos del nuevo álbum. El ya clásico Marc Ribot de nuevo a la guitarra, Casey Waits (su hijo, al cual pudimos ver en la gira), David Hidalgo, Clint Maedgen, Ben Jaffe, Larry Taylor, Patrick Warren, nada más y nada menos que Keith Richards colaborando de nuevo a la guitarra en algunos temas y los geniales Flea y Les Claypool al bajo, entre muchos otros, para darle forma a las canciones firmadas por Waits y Brennan. Imposible no acertar con estos ingredientes.

Tom se pone su mejor disfraz, el de Waits y nos montamos en un tren nocturno lleno de timbas de póker, humo, alcohol y mujeres, traqueteando por unas vías chirriantes mientras él aulla “Chicago”, el primer tema del disco, con Richards a la guitarra. Desbocado, alocado, demente, atormentado y alocado. “Raised Right Men” es diabólica, mefistofélica, siniestra y la voz de Waits, de nuevo protagonista, gruñe, se desgañita y balbucea en nuestros oídos mientras Casey marca el ritmo a base de estacazos y Flea aporrea el bajo. “Talking At The Same Time” es el clásico medio tiempo marca de la casa, arreglos de piano, de metal, escobillas y una guitarra que se estrangula con un vibrato magistral y Tom nos llora cercano al falsete de un borracho.

“Get Lost” heredera del rock n’ roll de los cincuenta pero pasado de vueltas, muy parecido al tono de “Lie To Me” pero con la voz de nuevo siendo el principal atractivo. “Face To The Highway” es otro tema propio de Waits, uno de esos que encajan perfectamente mientras lees literatura beat en tu cama e imaginas esas calurosas noches de alcohol, jazz y desamores en sepia.

“Pay Me” con su acordeón acaricia el sobresaliente en la clásica balada que todo disco de Waits debe tener, doliente, sentida y rozando el encanto tabernario. “Back In The Crowd” sí supone un notable giro de timón, romántica y brillante en su desarrollo musical, cincuentera, sesentera, fronteriza y mestiza. Y volvemos al ring con “Bad As Me”, que da nombre al disco, una declaración de principios, la guitarra de Ribot es una maravilla.

La más jazzy es “Kiss Me” mientras que Les Claypool progresa adecuadamente y encaja a la perfección con su mentor Waits en “Satisfied”, nunca imaginé que Claypool de Primus pudiera llegar a tocar con Tom y Keith Richards en la misma canción, una idea que puede llegar a resultar marciana pero que en la práctica suena magistral y nada carente de sentido. “Last Leaf” vuelve a ser otra balada propia del de Pomona que se rasga por la mitad con “Hell Broke Luce” y unos zapateos que sirven de fondo al Waits más cavernoso, la más experimental pero a la vez más pegadiza. Para despedirse, “New Year’s Eve”, en ese registro tan emotivo que sabe manejar tan bien.

Da igual lo que te haya ocurrido, Tom Waits ha sacado nuevo disco y eso basta para superar cualquier problema por amargo que sea el trago. Una nueva obra maestra. –Blogofenia

buffer….

For a mix of songs made at different times, Real Estate’s self-titled 2009 debut was impressively consistent. Given how well the New Jersey band fused disparate moments, you had to figure they could reach even greater heights were they to craft their next set all at once. They did just that last winter, and the result is indeed a step forward. continue→

Cleaner, sharper, and just plain stronger, Days is like a single idea divided into simple statements– a suite of subtle variations on a theme.

Its coherence sounds remarkably effortless, as if stringing together catchy gems is as easy as, in the words of one song, “floating on an inner tube in the sun.” Interestingly, Real Estate actually acknowledge this sense of ease. The opener is bluntly titled “Easy”, and references to carefree simplicity abound. As singer/guitarist Martin Courtney puts it, “If it takes all summer long/ Just to write one simple song/ There’s too much to focus on/ Clearly there is something wrong.” But the band’s celebration of the uncomplicated is less about how Days was written than about the beauty of life seen in retrospect, especially young life in small towns.

Like the stirring scenes of suburban Texas in Terrence Malick’s The Tree of Life, these songs find meaning in daily mundanities– in houses and gardens, phone lines and street lights, names carved in trees and leaves pressed by footsteps. “All those wasted miles/ All those aimless drives through green aisles,” sings Courtney wistfully. “Our careless lifestyle, it was not so unwise.” That sentiment was evident on the band’s debut, but here they’ve honed it to its essence.

The music bears a simplicity to match. These aren’t minimal songs by any means, but the layers of cycling guitar, rolling rhythm, and gentle echo are always understated, more about conveying feeling than showing off the band’s considerable chops. There’s also a smooth efficiency in these rich tunes. No note feels wasted, and nothing happens at the wrong time or in the wrong place. Much of this precision comes from guitarist Matt Mondanile, whose nimble playing adds color to each song’s shape. It’s most noticeable in the insistent “It’s Real”, but I’m even more taken with his sonic smoke rings in “Out of Tune”, and how his shimmering guitar evokes sunrays mingling through branches and sparkling off pools.

That idyllic tone permeates Days, and in lesser hands could deprive it of tension or variety. But Real Estate have such a knack for classic-sounding melody that every song quickly engages on a musical gut level. It’s a quality their music shares with the jangly hooks of early R.E.M., the breeziness of later Pavement, and the garage twang of the Fresh & Onlys. But their closest kin are New Jersey forefathers the Feelies. That group’s undying ability to mine repeated chords and Zen phrases is matched best by the album’s closer, “All the Same”, a looping study of how night and day are merely sides of the same coin. Lasting over seven minutes, it might be Real Estate‘s first epic. But it’s as subtle and unassuming as anything on Days— more evidence from this band that great music doesn’t have to sound hard to make, even if it is.

Para una mezcla de canciones hechas en momentos diferentes, el auto-titulado debut de Real Estate en 2009 fué impresionantemente consistente. Teniendo en cuenta lo bién que la banda de New Jersey fucionaba momentos dispares, uno tenía que calcular la escalada que podrían llegar a idear en siguientes colecciones. Es lo que hicieron el invierno pasado, y el resultado es sin duda un paso adelante. Más limpio, nítido, y fuerte, Days es como una sencilla idea dividida en simples estados – una suite de sutiles variaciones sobre una temática.

Su coherencia suena muy fácil, como si uniendo gemas pegadizas fuera tan fácil como, en palabras de una canción (Easy), “flotara en una cámara de aire bajo el sol.” Curiosamente, Real Estate reconoce esta sensación de tranquilidad. El primer tema es francamente titulado “Easy”, y abundan las referencias a la simplicidad despreocupada. Como Martin Courtney dice, “Si tomas todo el verano / Sólo para escribir una canción sencilla / Hay mucho en que enfocarse / Es evidente que hay algo mal”. Pero la celebración de la banda con lo sencillo es menos acerca de como Days fué escrito, que sobre la belleza de la vida vista en retrospectiva, en especial sobre la vida joven en pueblos pequeños.

Al igual que las escenas de suburbios de Texas en el film de Terrence Malick (The Tree of Life), estas canciones encuentran significado en mundanidades diarias – en casas y jardines, líneas telefónicas y alumbrado público, nombres tallados en árboles y las hojas prensadas por el caminar. “Todas esas millas desperdiciadas / Todo ese andar sin rumbo por pasillos verdes”, canta con nostalgia Courtney.

“Nuestro estilo de vida descuidado, no fué tan imprudente”.

–Pitchfork

buffer….

Stephen Malkmus ha demostrado con cuatro álbumes en solitario (o con su banda The Jicks) que sigue siendo capaz de hacer canciones notables repartidas en álbumes también notables. Adoleciendo de parecidos defectos que los últimos discos de su icónica banda Pavement, en ellos también es frecuente cierta dispersión y tendencia a la falta de mesura en los desvaríos instrumentales. ‘Mirror Traffic’, producido por Beck y grabado antes de la gira de reunión de Pavement, no es una excepción, aunque sí parece que apuesta por una mayor concreción, yendo más al grano y aparcando el rock casi progresivo de ‘Real Emotional Trash’.

‘Mirror Traffic’ arranca urgente e incontestable, con los tres temas que a posteriori uno recuerda con mayor fuerza. El gran single ‘Tiger’ abre el disco, continúa ‘No One Is (As I Are Be)‘, un medio tiempo à la Nilsson, y la (más o menos) polémica ‘Senator‘ con su ya conocida, gloriosa, frase

“ya sé lo que quiere el senador, quiere una mamada”

Después, la cosa vuelve a los cauces más o menos habituales. Desvaríos instrumentales (o casi) como ‘Jumblegloss’ y ‘Spazz’, intercalados con cortes de apariencia amable (‘Stick Figures Into Love’, ‘Asking Price’) y hasta dócil (‘Long Hard Book’, con su slide, ‘Share The Red’), siempre con una armonía o acorde maliciosos a la vuelta de cada esquina. Chulo, interesante, agradable, tan simple pero no tan fácil.

Afortunadamente, la guasa rockera regresa con ‘Tune Grief’, que encabeza el grupo final de estas quince canciones, con ‘Forever 28′ y ‘All Over Gently’ (puro Malkmus noventero), ‘Fall Away’ (agridulce, con apariencia de villancico por esa tímida flauta dulce) y ‘Gorgeous Georgie’, de nuevo atinada. Resumiendo, Beck ha vigilado a Malkmus y los suyos (Joanna Bolme, Mike Morris y Janet Weiss grabaron el álbum, aunque esta última les ha dejado para tocar la batería en Wild Flag) para que no se perdieran más de la cuenta y entregaran otro disco notable, solo que esta vez más pulcro, divertido y ameno de lo acostumbrado. –jenesaispop

buffer….

Mike Polizze, the man behind Purling Hiss, has tapped into a trashy aesthetic that’s part of rock’n’roll’s DNA. He’s got introspective druggy tunes and riff-heavy party songs, both of which romanticize the brilliance of a burnout. continue→

But that’s not Polizze: He’s a Philadelphia friend of Kurt Vile‘s– he played guitar on the Childish Prodigy tour– who started out in Birds of Maya and made scuzzy rock records as Purling Hiss for Permanent and Woodsist before putting out this EP on Mexican Summer. But “burnout” is as good a word as any to convey his brand of rock grit, which is slathered in cruddy production and with a hard emphasis on shredding.

Lounge Lizards‘ six tracks serve as a logical follow up to the sound and feel of last year’s Public Service Announcement, which was also a meeting of catchy hooks and awful production quality. Of course, the sound is presumably intentional and serves a few purposes on the EP: it dampen screams, accents enormous guitar solos, adds density to an already dark song, and muffles instruments sounds so they bleed together. The effect is defines Purling Hiss‘ sound. This time around, the production doesn’t completely warp the tuning in the middle of a song like it did on Public Service Announcement; instead, he opts to make everything sound vaguely smothered.

Just past the muffled noise, there are some bold, well-executed tunes. “The Hoodoo” serves as the instant earworm of the record, offering a power chord-driven hook, a far-away percussion stomp, a note-perfect guitar solo, and a stupidly catchy and simple melody of dudes singing “HOODOO!” between verses. On “Karaoke Nite”, beneath completely unintelligible vocals, you can hear the muddy shouts of “whoo whoo” reminiscent of the ones on the Stones’ “Sympathy for the Devil” and a fluidly harmonizing guitar. There are dozens of well thought-out, off the cuff, immediately catchy elements like this on Lounge Lizards, and it’s clear Polizze has become more than adept at crafting great rock songs.

There’s also a lot in the way of mood– like in the heavy, deliberately paced trudge of “Voices”, a track that finds Polizze stoned and hearing voices in his head. He’s not frantic or frightened– he delivers the song with a lazy whine, which pushes forward one brand of actual, not-stereotypical stoner paranoia (“I don’t want to be alone/ Don’t want to be stoned”). Meanwhile “City Special” lets Polizze stretch out into doomier territory. He still throws dynamic guitar accents into the mix, but keeps most of the elements to a drone.

Sometimes Polizze gets overindulgent. On “Midnight Man”, he offers an urgent riff and what sounds like an army of metalheads shout-singing, “I am the midnight man.” And while the intimidation comes through, it wears thin halfway into the track. Ultimately, it’s a shortcoming that’s easy to overlook when it’s sandwiched between two high-flying guitar monsters like “The Hoodoo” and “Been Teased”. And really, “Midnight Man”, both literally in track placement and in its ominous lyrical mantra, is the centerpiece of the burnout savant aesthetic that Lounge Lizards pushes. If you’re stoned and hooked on a groove, sometimes you just keep going.

Mike Polizze, el hombre detrás de Purling Hiss, ha aprovechado la estética trash, parte del ADN del rock’n’roll. Tiene melodías introspectivas narcóticas y algunos riffs pesados, idealizando la brillantez del burnout. Pero ese no es Polizze: Es un amigo de Filadelfia de Kurt Vile – tocaba la guitarra en la gira de Childish Prodigy – quién se inició en Birds of Maya y grabó algunos sucios registros de rock como Purling Hiss para Permanent y Woodsist antes de poner este EP en Mexican Summer. Pero “burnout” es solo una de las palabras para describir su estilo de rock enarenado, untado en una producción horrenda y con un fuerte énfasis en los shreds.

Las seis pistas de Lounge Lizards sirven como consecuencia lógica, del sonido y sensaciones del Public Service Announcement del año pasado, donde también metían ganchos pegadizos a una producción de horrible calidad. Por supuesto, el sonido es probablemente intencional y sirve a los propósitos del EP: moderar los gritos, acentuar los enormes solos de guitarra, agregar densidad a canciones de por sí oscuras, y amortiguar los sonidos de los instrumentos para que desangren juntos. El efecto que define el sonido de Purling Hiss. Esta vez, la producción no deforma completamente las melodías en medio de la canción como hacían en Public Service Announcement; sino que optan por hacer que todo suene vagamente sofocado.

Nada más pasado el ruido sordo, hay algunas canciones en negrita y bien ejecutadas. “The Hoodoo” sirve como earworm del registro, ofrece poderosos ganchos y acordes, una lejana percusión Stomp, un solo de guitarra de notas perfectas, y una melodía estupidamente pegadiza y simple de tipos cantando “Hoodoo” entre los versos. En “Karaoke Nite”, bajo una voz totalmente ininteligible, se puede oír los fangosos gritos de “whoo whoo” que recuerda al “Sympathy for the Devil” de los Stones y una guitarra fluidamente armonizante. Hay docenas de bien pensado, frutos de la casualidad, elementos inmediatamente pegadizos como este en Lounge Lizards, y es claro que Polizze, se ha convertido en más que un experto en la elaboración de grandes canciones de rock.

También hay mucho de estados de ánimo – como en la pesada, deliberadamente penoso ritmo de “Voices”, un tema que encuentra un Polizze borracho y oyendo voces en su cabeza. No es frenético ni amedrentado – ofrece la canción con un gemido perezoso, que siempre impulsa adelante una marca de lo verdadero, no estereotipada paranoia stoner (“No quiero estar solo / No quiero estar borracho”). Mientras tanto, “City Special” permite a Polizze extienderse por el terreno de los condenados. Todavía lanza dinámicas guitarras en la mezcla, pero en su mayoría prefiere drones.

A veces Polizze es indulgente. En “Midnight Man”, ofrece un riff urgente y lo que suena como una armada de metaleros cantando, “Yo soy el hombre de la medianoche.” Y mientras que la intimidación atravieza, se agota a mitad de camino de la pista. En última instancia, es un defecto que es fácil pasar por alto cuando se encuentra entre dos high-flying guitar monsters como “The Hoodoo” y “Been Teased”. Y realmente, “Midnight Man”, en sentido literal en la colocación de la pista y en su mantra lírica siniestra, es la pieza central de la estética del sabio agotamiento que empuja Lounge Lizards.

Si estás drogado y enganchado a un surco, a veces, sólo tienes que seguir adelante. –Evan Minsker

buffer….

Yay! Out of the blue, here’s a new one from The Oscillation. The Oscillation? You might remember, a few years back (2008) we raved about this UK band’s debut album Out Of Phase, an import on the DC Recordings label. We described their music as “a druggy, dubby mix of rhythmically krauty space rock, angular No-Wave funkiness, and, yes, oscillating electronics” continue→

and mentioned Neu!, Hawkwind, Salvatore, Tussle, and White Hills over the course of the review, as possible comparisons. If we were writing it now, we’d probably also cite the Lumerians, Moon Duo, Majeure, K-X-P, Maserati, Nisennenmondai…

The Oscillation’s trance-inducing throb turned out to be, not surprisingly, something that a lot of you liked as much as we did! However we kinda lost track of them, for a while – though apparently they’ve been gigging hard – and thus were super excited to see that this new album was available, and it’s domestically priced too.

Picking up where the debut left off three years ago, it’s another potent dose of krauty rhythms, dubby disco, and druggy psych, both mesmerizing and melodic, but maybe, at times, heavier, more “rocked out” than before, witness the the beefier guitar on some tracks definitely getting into The Heads territory! Though The Oscillation started off as a one man band (that man being Demian Castellanos of Orichalc Phase), it grew from an electronic producer project into a fully-fledged live act, the power of which is displayed here (but also their mellow, shoegazey spacey side too). ‘Tis mostly instrumental, even when it isn’t, the occasional effected, hushed and chant-like vox betraying their (Brit)pop sensibility amidst the pulsating motorik beats, washes of distortion, and electronic FX… what’s not to like??

The album opens with the subtle atmospheric drones and percussive textures of ‘Sandstorm’, a build-up to the mantric chatter and sheer spacey howl of ‘Future Echo’, like so many of the songs here, sounding like the perfect soundtrack to some futuristic, cinematic chase scene taking place in a Blade Runner style dystopia – though others sound more appropriate to a weightless drift, off into the soothing deeps of (inner) space.

Next up, the haunting ‘Fall’ eventually ups the ampage ante even more, with psychedelic guitar wrangling burying the drawled vocals… As well as feedback and freakout, elsewhere the guitars go more for chiming stabs amidst the hazy drone and hypnotic shaka-shaka-shaka rhythms. We’ll spare you the whole track-by-track summary, let’s just say that this is disc is ultimately epic (12 minute title track!), echoey (everything, all the time), often quite pretty (like the lulling swells of ‘See Through You’), and definitely propulsive. For fans of the likes of Loop, Can, and all the sundry other rad bands mentioned above. Tune in, turn on, oscillate!!!

Yay! De la nada, aquí hay algo nuevo de The Oscillation. The Oscillation?? Puede que recuerdes, hace unos años (2008) quedamos delirando con el debut (Out Of Phase) de esta banda del Reino Unido, editado por DC Recordings. Describimos su música como “una narcótica mezcla de dub, space rock de rítmica kraut, funk angular No-Wave, y sí, electrónica oscilante”, también mencionamos a Neu!, Hawkwind, Salvatore, Tussle, y White Hills en el transcurso de la review, como posibles comparaciones. Si tuviéramos que escribir ahora, probablemente también citariamos a Lumerians, Moon Duo, Majeure, K-X-P, Maserati, Nisennenmondai…

Recogiendo lo que su debut dejó hace tres años, es otra potente dosis de ritmos krauty, dubby disco, druggy psych, hipnótico y melódico, pero a lo mejor a veces, más pesado, más “rocked out” que antes, con guitarras más robustas en algunos temas, que definitivamente entran al territorio de The Heads. A pesar de que The Oscillation comenzó como una banda de un solo hombre (Demian Castellanos de Orichalc Phase), que pasó (con todo derecho) de su proyecto de productor electrónico al vivo, el poder de lo que se muestra aquí (pero también su lado mellow, shoegaze-spacey). ¡Es todo instrumental, incluso cuando no lo es, con ocasionales voces silenciosas traicionando su sensibilidad (Brit)pop, en medio de palpitantes beats de motorik, lavada distorsión y efectos electrónicos … ¿qué más se puede pedir?

El álbum abre con una sutil atmósfera de drones y texturas percusivas en ‘Sandstorm’, enredándose a una charla mántrica y meros aullidos espaciales de ‘Future Echo’, al igual que muchas de las canciones aquí, suena como la banda sonora perfecta para escenas cinematográficas de persecuciones futuristas, tomadas de alguna distopía de estilo Blade Runner – aunque otros de sonido más adecuado para una ingrávida deriva, a las profundidades del calmado espacio (interior).

El siguiente, el inolvidable ‘Fall’ finalmente sube la apuesta (r)amp(er)age, con la disputa de guitarras psicodélicas enterrando las arrastradas vocales… así como feedback y freakout, en otras partes las guitarras van sonando más a puñaladas en medio de drones nebulosos, e hipnótica rítmica shaka-shaka. Resumiendo pista por pista, vamos a decir que este disco es en última instancia, épico (la canción del título dura 12 minutos!), ecos (todo, toodo el tiempo), a menudo muy bonito (como el oleaje adormecedor de ‘See Through You’), y definitivamente propulsivo. Para los fans de Loop, Can, y todas las bandas antes mencionadas. Tune in, turn on, and oscillate!!! –Roadburn

buffer….