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tillögur að löglega afla

Category Archives: 2006

“Uh, ¿invisible dices? Bueno, es fácil ser invisible si de verdad lo deseas. Es sólo una cuestión de actitud”

“Es extraño lo atractiva que puede ser la indiferencia” (“The Scientist Writes a Letter”, Tom Verlaine)

“Me gusta pensar que soy invisible. Le encuentro muchas ventajas. Desafortunadamente, el negocio musical no funciona así. Si no creas algún tipo de imagen pública, la crean los demás por ti”.

Puede que a eso sea a lo que se ha dedicado estos últimos años, a hacerse lo más invisible que le permiten sus necesidades. Afortunadamente nos quedan sus discos, una obra que, revisada hoy, se nos muestra mucho más variada y compleja, y al mismo tiempo más accesible, menos esquinada que cuando fué publicada.

“Songs and other things”, a pesar de desconcertar en una primera escucha (¿para qué empezarlo con otro instrumental cuando simultáneamente publicas uno entero, “Around”, sin palabras?; además, uno diría que retorcidamente, coloca las canciones más ásperas al principio), pero poco a poco nos va descubriendo sus encantos.

Los solos suenan menos espectaculares, más concentrados pero igual de efectivos, y aunque uno puede echar en falta alguno de esos largos monólogos guitarreros que sólo él parece oír, a cambio nos compensa con un sinfín de dibujos, melódicos a veces, más rudos otras, siempre inconfundibles, que arropan una colección de canciones que barren de un plumazo el mal recuerdo de “The Wonder”. A veces creando ambientes que discípulos aventajados como Yo La Tengo frecuentan, como en “A Stroll”; otras revisitando algo que podríamos llamar folk rock neoyorkino en “Orbit” o la majestuosa “The Earth is in the Sky”; componiendo las canciones que ya no hace Lou Reed (“Lovebird Asylum Seeker”); subiendo los amplis para atacar un riff de esencia garajera en “All weirded out”, o divirtiéndose trazando espirales sicodélicas durante “The day on you”. No, no es “Flash Light” o “Dreamtime”, si es que alguien lo esperaba, pero, por si hacía falta demostrarlo, por mucho que su nombre llene la de boca de unos y otros, nadie suena como Tom Verlaine. No se si en un mundo en el que las novedades duran menos de un suspiro, todavía hay gente que esté dispuesta a dedicar el tiempo que discos como éste necesitan. Puede que a veces no nos ponga las cosas fáciles, pero más que nunca necesitamos a personajes como Tom Verlaine, sin miedo a volverse invisibles en un ambiente en el que los asesores de imagen vuelven a ser importantes, todavái ajenos ajenos al devenir de modas que vienen y van y no nos dejan más que hojarasca. –Ultrasónica

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Ruthann Friedman’s chief claim to fame is having written The Association’s 1967 hit “Windy.” Less well known, however, is Constant Companion , her sole solo album recorded for Reprise in 1969. Water’s reissue of the album seems timed to follow the success of other recently-rediscovered female singer-songwriters (Vashti Bunyan, Judee Sill) continue→

and the resurgence of ’60s-inspired folk in general. Constant Companion, however, is no mere nostalgia trip, nor is its re-release a case of opportunistic bandwagoning.

While Friedman’s music will undoubtedly be grouped with that of Bunyan and her present-day heirs (Devendra Banhart, for one), she has little in common with them. Contrary to what her song titles (“Piper’s Call,” “Fairy Prince Rainbow Man”) might suggest, she doesn’t indulge in idyllic flower-power folk. While Constant Companion doesn’t immediately elicit comparison to any particular artist, it is perhaps closest in spirit to the first two albums of Friedman’s Reprise labelmate Joni Mitchell. Like Mitchell, Friedman is a skilled guitarist and gifted songwriter, attributes that separate her from the era’s horde of would-be folkies. She possesses a deep, powerful voice, and her impressive vocal control suggests that she may have been classically trained. In other words, she’s no amateur dilettante who got lucky enough to record a one-shot album, but rather a fully mature and practiced artist.

The songs on Constant Companion cover a range of styles, from Simon and Garfunkel style folk (“People”) and Mitchell-inspired psychedelic ruminations (“Fairy Prince Rainbow Man,” “Danny”) to jazz-inflected pop (“Morning Becomes You”). The arrangements are sparse, consisting solely of Friedman’s acoustic guitar and voice, with the exception of lead guitar by Peter Kaukonen (brother of Jefferson Airplane and Hot Tuna’s Jorma, and creator of Constant Companion’s cover art). Friedman’s wide stylistic range suggests that the suits at Reprise may have been a little too eager to force her into the role of “the next Joni”; several of her songs cry out for further orchestration (the fingerstyle guitar intro to “Looking Back Over Your Shoulder” being one case in point). While they work as acoustic compositions, they may have benefited from more complex arrangements, as does the post-album single “Carry On (Glittering Dancer),” a quirky track that indulges in Van Dyke Parks-style baroque orchestrations (apparently Parks and Friedman were briefly an item, and he executive produced the track.) Given the fact that Friedman hasn’t recorded anything since, Constant Companion can hardly help but evoke imaginings of what might have been had she stayed in the business longer. As it stands, though, the album is a fine effort, and its rescue from the archives is certainly to be applauded.

El principal motivo de la fama de Ruthann Friedman se debe a haber escrito el hit “Windy” de The Association en 1967. Menos conocida sin embargo, es este Constant Companion, su único álbum en solitario grabado para Reprise en 1969. La reedición por Waters del álbum parece programada a seguir el éxito de otras recientemente redescubiertas cantautoras (Vashti Bunyan, Judee Sill), y el resurgimiento del folk de los 60. Constant Companion, sin embargo, no es un simple viaje nostálgico, ni su re-lanzamiento es un caso de oportunismo.

Mientras la música de Friedman sin duda, será agrupada a la de Bunyan y sus actuales herederos (Devendra Banhart entre otros), Friedman poco tiene en común con ellos. Contrariamente a lo que sugieren los títulos de sus canciones (“Piper’s Call,” “Fairy Prince Rainbow Man”), ella no cae en un idílico flower-power de folk. Mientras que Constant Companion no provoca inmediata comparación con algún artista en particular, es quizás el más cercano en espíritu a los dos primeros álbumes de Joni Mitchell para Reprise. Al igual que Mitchell, Friedman (compañera de sello) es una virtuosa guitarrista y talentosa compositora, atributos que la separan de la Horda de aspirantes a folkies de la época. Poseedora de una voz profunda y poderosa, y su impresionante control vocal sugiere que pudo haber tenido una formación clásica. En otras palabras, no es una aficionada que tiene la suerte de grabar un disco, sino más bien un artista maduro y practicado.

Las canciones del disco cubren una amplia gama de estilos, del folk de Simon and Garfunkel en “People”, meditaciones psicodélicas Mitchellescas en “Fairy Prince Rainbow Man” & “Danny”, al jazz pop de “Morning Becomes You”. Los arreglos son escasos, consistiendo únicamente en guitarra acústica y voz de Friedman, con la excepción de la guitarra de Peter Kaukonen (hermano de Jorma Kaukonen, de Jefferson Airplane & Hot Tuna, y creador del arte de tapa de Constant Companion).

La amplia gama estilística de Friedman sugiere que las demandas en Reprise, pueden haber sido algo demasiado ansiosas, forzando en su rol de “próxima Joni”. Varias de sus canciones piden a gritos más orquestación (la intro fingerstyle en “Looking Back Over Your Shoulder”, es ejemplo de ello). Si bien se trabajó en forma de composiciones acústicas, puede que se hubiesen beneficiado con arreglos más complejos, al igual que el post-single “Carry On (Glittering Dancer),” un tema peculiar que se entrega al estilo barroco de las orquestaciones de Van Dyke Parks.

Teniendo en cuenta que Friedman no ha grabado nada desde aquel Constant Companion, no se puede dejar de evocar fantasías de lo que podría haber sido si se quedaba en el negocio por más tiempo. Sin embargo, tal como está el álbum es un muy buen esfuerzo, y su rescate sin duda debe ser aplaudido. –Michael Cramer

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Tanto da que me resistiera lo suyo antes de sumarme al elogio generalizado de su destacado debut de 2004, “Lesser Matters”, (que bien podría pasar por la cabeza del iceberg de ese subterráneo revival shoegazer que muchos avistan), los suecos THE RADIO DEPT. pertenecen a ese tipo de bandas que se terminan queriendo locamente con el corazón, por mucho que la cabeza invite a la prudencia. Y es que arranca un disco como éste, con la instrumental “It´s personal” cavando una zanja entre THE CURE y OMD, y al poco rato su inquietante batiburrillo de influencias selectas te tiene tan completamente pillado que no hay sospecha que valga. Sí, todo lo que te gusta está ahí en su justa medida, casi como oficiando de demostración de la tesis de que no sólo se puede trazar una línea del after-punk a los shoegazers por la vía del synth-pop, sino que dentro de ese parámetro, hemos venido caminando multitud de bandas y oyentes, persiguiendo una misma sensibilidad durante años. Si existe un punto intermedio en el que juntar a –miren sus adentros, miren sus discografías- FIELD MICE, JESUS AND MARY CHAIN, FELT, THE CURE, PET SHOP BOYS, JOY DIVISION, MY BLOODY VALENTINE, OMD, TREMBLING BLUE STARS y SLOWDIVE, pues señores, THE RADIO DEPT. están justo ahora en ese punto dando, dando ahí, en el centro mismo del corazón del pop indie de tez blanca, tono desapasionado y regusto doméstico, que emite siempre a media voz.

Vale, “Pet Grief” probablemente no sea más que un humilde pastiche realizado, eso sí, con exquisito gusto. Como si de los BLACK CROWES o los OCEAN COLOUR SCENE del after-punk/shoegazer se tratara, THE RADIO DEPT. ofrecen un notable disco de género nada disimulado, que igual entusiasmará a los afines a ese tipo de sonidos, como repeler precisamente por ello. No hay más novedad que los nuevos sonidos que se suman, y ésta la da el pronunciado vuelco hacia una rudimentaria electrónica muy, muy 80´s (hagamos ahora la línea OMD-NEW ORDER-PET SHOP BOYS-Sarah Records), una constante presencia de pianos y ese enredador toque gaseoso de aquel sonido catedralicio de los CURE del “Disintegration”. Sobre ello, el sólido bloque que compone “Pet Grief” no deja de evocar aquel misterio que desprendía la música en la adolescencia y uno se abrazaba a ella con el modo reverencial del descubrimiento.

La adormilada voz de Johan Ducanson se filtra entre teclados atmosféricos, encantadores percusiones con añejo sabor a caja de ritmos y unas cada vez más puntuales cortinas de ruido blanco. Así surgen maravillas como “Every Time” (o lo que sería bañar el “Emma´s House” de FIELD MICE en las aguas eléctricas de “Psychocandy”) para soltar candorosas y sintéticas líneas de innegable practicidad pop sobre lo sencillamente complicado de las relaciones humanas, aptas para al himno de andar por casa.

Ahí va un botón de muestra extraído de la mencionada “Every Time”:

“cambia tu mente / éste es tu problema no el mío / tú siempre encuentras / alguien a quien colgarle las cosas”.

Pongamos otro capturado de la tristeza contenida en el calmo puntillismo electrónico de “I Wanted You To Feel The Same”:

“Me rompe el corazón decir que cuando sentía dolor / yo quería que sintieses lo mismo / pero nada te toca realmente / Es una pena / no puedo creer que no hayas sentido nada en absoluto”.

Aunque quizá donde más calen es en el single “The Worst Taste In Music”, un sentido puente entre los PET SHOP BOYS del “Behaviour” y los OMD más volátiles, en la que el abandonado amante ve como su ex novia ya está con otro, amortiguando la ausencia con el pésimo gusto musical que el “sustituto” posee. Pero más allá del acierto puntual, lo que logra “Pet Grief” es inundarte de su particular microclima, consiguiendo que su evocadora niebla penetre en todos y cada uno de los poros de tu piel, hasta llegar al final y sentir la necesidad de volver a hacerlo sonar. Y eso claro está, es hablar con el corazón, no con la razón.

Llevo ya semanas enganchado a la lánguida estampa de este disco al que recurro de continuo, pese (o gracias, según se mire) a sus melancólicos efectos secundarios. De pronto, vas por la calle escuchando un grupo de 2006 que recrea con pasmosa soltura una buena parte de la b.s.o. de tu adolescencia, te topas frente tus pintas en el reflejo de un portal ahumado y ves, de golpe, que (!!!buff!!!) ahora pasas por desfasado precisamente por lo mismo que antes eras raro, ya completamente superado por la retro-modernidad. (Un suspiro). ¿Empieza la decadencia treinteañera?, ¿llegó el momento de decir que ya no se hacen discos como antes y sentir el pasado idealizado como algo irrecuperable a adorar?. Probablemente sobren las respuestas. Eso sí, mi particular bajada de la cima juvenil prefiero enfilarla sintiéndome taciturnamente fuera de tiempo con THE RADIO DEPT. en ese ipod en el que siempre hay lugar para “Closer” o “Loveless”, que asistiendo a los directos de los ROLLING STO… !ah no!, quería decir los PIXIES. –Javier Becerra

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Sol Seppy es mejor conocida como Sophie Michalitsianos, miembro de Sparklehorse, que se enorgullece con el deleite del romanticismo celestial de The Bells of 1 2. Es un fuego lento, que premia la escucha paciente, girando en torno a paisajes sonoros atmosféricos, pianos suaves y algún cello con los pelos de punta.

Hay una belleza frágil, casi inocente, que rodea temas como Human, con letras como “el amor va a levantar tu corazón”. Es doloroso y conmovedor hasta las lágrimas, y envíadas con un estilo que desafía algunos de los elementos más duros del mundo de hoy.

Algo de encantadora electrónica, rodea las hipnóticas brisas de beats en Come Running, cuando la voz de Sophie adopta una vibración más positiva. Mientras que en Move las claves hacen un enfoque conjunto más combativo, y a veces agresivo para sus estándares.

En ocasiones, el disco se desplaza por territorios demasiado etéreos para su propio bién, y prueba la paciencia de los oyentes. Pero son pocos y distantes entre sí esos momentos, con temas como Slo Fuzz que rezuma una tranquila sensación de presentimiento, mientras aparecen excelentes arreglos, o Wonderland, sobre la trágica historia de un artista con la sensación de que el cambio no vendrá de una manera optimista.

Mejor aún es Loves Boy, un fascinante esfuerzo que gotea de una belleza impresionante.

Como Sophie misma dice:

” Es el descubrimiento de la belleza, lo que me inspira más”



Read the Original Here

THE ethereal songs of Sol Seppy’s The Bells of 1 2 provide a hypnotic listen that drips with beauty.

Sol Seppy is better known as Sophie Michalitsianos, the former Sparklehorse member, who prides herself in the fact that The Bells of 1 2 revels in a celestial romanticism.

It’s a slow-burner that rewards the patient listener, built around atmospheric soundscapes, soft piano and some spine-tingling cello.

There’s a fragile, almost innocent beauty surrounding tracks like Human, with lyrics such as ‘love will lift your heart’. It’s achingly poignant, tearfully poignant and delivered in such a fashion that defies some of the harsher elements of the world today.

There’s some enchanting electronica surrounding the breezy, hypnotic beats of Come Running, when Sophie’s vocals adopt a more positive vibrancy about them.

While on Move the singer hints at an altogether more feisty approach, dropping an aggressive (by her standards) beat over some really strained vocals (during the chorus).

Fans of the likes of Imogen Heap are sure to be impressed, while the promotional material likens her to Mazzy Star and the Cocteau Twins.

Occasionally, the album drifts into territory that’s simply too ethereal for its own good, testing the listeners’ patience.

But such moments are few and far between, with tracks like Slo Fuzz oozing a quiet sense of foreboding, while introducing some more excellent instrumentation, and Wonderland relating the tragic tale of an artist with the sinking feeling that a change will never come in surprisingly upbeat fashion.

Better still is Loves Boy, an entrancing effort that drips with breathtaking beauty.

As Sophie, herself, states: “It’s the discovery of beauty that inspires me the most.” Her ability to share it musically is what makes Sol Seppy’s debut so impressive.

o en Indie London

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Mi ultima noticia auditiva de Quasi se quedo en “Sword of god”(2001), un doble vinilo de tres caras que irradiaba psicodelia extraña, pop ruidoso y una algarabía instrumental de lo más interesante.

Los de Portland, comandados por Sam Coomes,verdadero hombre orquesta, es el responsable de que este “When the going gets dark” sea un coctel frenético de pop independiente sin colorantes no aditivos.

Y es que no te puedes resistir cuando suena “Alice the goon”, torrente electrico de pop electrificado que da paso a una sesión de glam ruidoso en “The rhino” con piano incluido y locura sin contener.

Quasi tiene la cualidad de mirar a los 70 sin sonrojarse.

“I don’t know tou anymore” es un hit en toda la regla que mira tanto a The Kinks como a los Pavement de última época.
O “Peace and love” , coros rockistas en una serenata de guitarras ácidas que demuestran que si se revisten los sonidos añejos de ironía y desparpajo salen olas densas de calor.

Y terminan apaciguados, domados por tanto sudor y fiebre, con “Invisible star”, emocional, y hasta efectiva con ese punteo que se acristala en una melodía triste.

Gozada por tanto este “When the going gets dark” que gustará tanto a los amantes de lo independiente como a los que conserven buenos recuerdos de lo que se hacia hace ya mucho tiempo. El Varapalo

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El problema con Neko Case es que hace pensar que todo es endiabladamente fácil. Que no cuesta nada llegar a unas notas titánicas y cantar como una virginiana de bares mientras una prepara el almuerzo. Mentira. Nadie puede cantar en estos días como Neko Case. Y quien sea que lo intente en su casa se verá expuesto a una humillación de proporciones: acompañar con voz de tarro una presencia espeluznante que parece una expresión arqueológica de música sureña.

Recogiendo una tradición country de arreglos intrincados que en apariencia se escuchan lineales, y ocupando la voz como instrumento omnipresente, el cuarto disco de estudio de la cara bonita de The New Pornographers es lo bastante bajo perfil como para dejarlo pasar a la primera. Ocupando todo el espacio con su voz y con canciones que no suenan ni demasiado experimentales ni demasiado oreja, Fox Confessor Brings The Flood parece quedar en el limbo de esos discos de singer-songwriters treintones que perdieron la onda y que empiezan a componer como académicos. Pero lo que salva a Neko de un disco aburrido es que ella conmueve hasta la incomodidad. Misterioso, en Fox confessor… hay fragmentos de historias que nunca hablan de algo demasiado bueno: añoranzas, accidentes y belleza perdida. Generando un ambiente intrincado, Neko pone toda la fuerza en canciones correctas que suenan perturbadoras. Así abre ‘Hold on, hold on’, diciendo:

“The most tender place in my heart is for strangers/ I know it’s unkind but my own blood is much too dangerous???

, y en ‘That teenage feeling’ clama por la necesidad –después de haber pasado por tantos secretos y cumpleaños– de seguir buscando ese sentimiento adolescente. Intimista, en lo de Neko Case no hay una búsqueda experimental. Lo de ella va por hacer un pop correcto, que recoge tradiciones para validarse y tornarse novedoso por descarte. Pero eso no lo hace memorable, y por eso el gran valor de Case es ocupar su voz como una herramienta narrativa de sorpresa y recogimiento. De manera que al tenerla en los audífonos, no quede más que admitir que esta mujer es capaz de ponerle vida a un álbum que de seguro sería un somnífero con la voz de alguien como Keren Ann. Para darle muchas vueltas hasta sentir el escalofrío. Super45.Net
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Madeleine Peyroux parece una artista de mayor edad que la que realmente tiene.

A pesar de que sólo está en sus primeros 30 años, su música y el sonido de su voz es como si perteneciera a generaciones anteriores.

Para su nuevo álbum, “Half The Perfect World”, muestra el núcleo emocional de canciones de otros artistas que admiraba, además de manifestar su talento compositivo en cuatro canciones co-escritas, manteniendo el eje en el romanticismo.

El disco es algo menos pesado en cuánto a las influencias de Billie Holiday que su anterior “Careless Love”, pero más intrigante en la selección de canciones.

Peyroux aborda las canciones de amor que ama, llevándolas a través de lecturas de atemporal jazz.

“The Summer Wind” de Johnny Mercer, “Blue Alert” de Leonard Cohen, “River” de Joni Mitchell , “Everybody’s Talkin’ ” de Fred Neil , “(Looking For) The Heart Of Saturday Night” de Tom Waits, “La Javanaise ” de Serge Gainsburg, y “Smile ” de Charlie Chaplin.

El álbum evoca imágenes de humosos bares, con música levantada de tomas de alguna feel-good movie americana, cepillos golpeando la batería, apenas rozando su piel, luminosas y ricas guitarras, y contrabajos en lugar de los eléctricos.

Un agradable deambular por territorio familiar.

Read the Original Here

Madeleine Peyroux comes across as an artist older than her years.

Even though she is only in her early 30’s, her music and voice sound like they belong to the previous generation.

The fact that Peyroux’s voice absolutely reeked of her Billie Holiday influences somewhat tarnished that breakthrough album “Careless Love”.

For her new album, “Half The Perfect World”, she showcases the emotional core of songs by other singers and songwriters she’s admired, and also displays her talents as a writer on four songs she co-wrote, keeping a distinctly romantic edge.

The CD is slightly less heavy on the Holiday-isms but more intriguing in the song selection.

For Peyroux tackles the love songs she loves, treating them to timelessly jazzy readings.

Given the makeover are Johnny Mercer’s “The Summer Wind”, Leonard Cohen’s “Blue Alert”, Joni Mitchell’s “River”, Fred Neil’s “Everybody’s Talkin'”, Tom Waits’s “(Looking For) The Heart Of Saturday Night”, Serge Gainsburg’s “La Javanaise” and Charlie Chaplin’s “Smile”.

The album conjures in the mind imagery of smoky bars, music lifted from the screen of an American feelgood movie. Drums are always light brushes, barely touching the skins, guitars light and fruity, clearly a double bass rather than an electric.

No cutting edges are approached, no taboos challenged, but it is a pleasant amble through familiar territory.

writen by Musicology

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En 2006, Paz Lenchantin edita su segundo solo-album “Songs For Luci” dedicado a su hermano Luciano Lenchantin fallecido en 2003. Este registro sólo se puede obtener a través del sitio oficial de Paz o en su Myspace. Lo realmente bueno de este es que cada CD es hecho a mano y firmado por Paz que lo convierte en un imprescindible para coleccionistas y aficionados.

Originalmente nacida en Argentina, más tarde Paz Lenchantin se trasladó a California a temprana edad. De padres músicos, Paz y sus hermanos seguirían más tarde sus pasos. Muchos la reconocen por su trabajo en A Perfect Circle y Zwan. Además de ser una talentosa música también tiene una voz muy hermosa que puedes apreciar en este disco. Aquellos que tengan una copia de Thirteenth Step pueden encontrar el nombre de Luciano Lenchantin en el “thanks to” del disco o sobre la cubierta interior del vinilo. Actualmente Paz acaba de publicar su segundo álbum con The Entrance Band y se puede tomar sus espectáculos en diversos lugares de California.

Grabado en Louisville Kentucky “Canciones para Luci” es un disco muy corto, pero dulce en la hora en 18 minutos y 4 segundos y tiene mucho que ofrecer al oyente en su tiempo de juego corto. Paz hace un trabajo excelente en la composición de cada canción y lo que caben todos juntos. Todo aquí es de 100% Paz, ya que ningún artista invitado la acompañó en poner este disco junto capa por capa. Paz explicó en su página web, “Grabé capas y capas de mi violín sobre capas y capas de voces en todas partes.” El álbum comienza con Montana Train y nos saluda con la primera capa de violín y unos segundos más tarde la segunda capa de violín viene en seguida de unas notas muy agradables de la guitarra de Paz y, a continuación algunas voces buen respaldo suave. A continuación Kentucky Hymn. La canción comienza con algunas hermosas notas de guitarra que siguen presentes a través de toda la canción con violines y capas vocales. Esta es la primera canción del álbum que tiene letras de actuales de canciones. La siguiente es la menor pista en el álbum con solo 42 segundos. Se llama ‘Violins‘ y con razón, ya que consta de solo capas de violín. Se trata de una pieza sonora muy triste a pesar de que probablemente podría perderse si no préstas atención. Violins, es una pieza muy esencial a los más de todo el flujo del álbum y es una buena manera de separar Kentucky Hymn y 365. 365 se ha convertido en mi canción favorita de “Songs For Luci” y contiene la misma fórmula que las pocas canciones del pasado. El trabajo vocal y lírico de Paz realmente brilla a través de la canción. California es la canción más larga en el álbum en 4 minutos y 34 segundos. Si bien es una pieza instrumental muy agradable y relajante, esta canción carece de progresión de principio a fin y puede llegar a ser un poco aburrido si no está de humor para escucharlo. Las dos últimas canciones florecer como las rosas y Desfile El final del álbum muy bien. El desfile es uno de los mejores temas del álbum. Es una pieza instrumental que tiene una nueva capa añadió que las otras canciones no tienen que son tambores. A partir de esta canción que la sensación de que usted está parado en una calle de California como un desfile de los violines, tambores y guitarras que avanzan lentamente hacia tí.

“Canciones para Luci” es un álbum muy conmovedor. Paz hace un gran trabajo en la creación de un ambiente muy agradable lleno de sus armonías vocales y las capas de melodías instrumentales. Para mí, “Songs For Luci” es una excelente adición a mi colección, pero no es para todos. Paz lo dijo ella misma en su página web. “Este álbum no es para todos, pero sólo está disponible para cualquier persona aquí.” Este álbum sólo estará disponible en la página web Paz Lenchantin, hasta principios de marzo.

Read the Original Here

In 2006 Paz Lenchantin came out with her second solo release “Songs for Luci” which is dedicated to her brother Luciano Lenchantin who sadly passed away in 2003. This record can only be obtained through Paz’s official website or on her myspace $10 plus shipping. The really neat thing about this is that each CD is hand crafted and signed by Paz herself which makes this a must have for collectors and die hard fans.

Originally born in Argentina; Paz Lenchantin later moved to California at a very young age. Both of her parents were musicians and Paz and her siblings would follow later follow in their footsteps and become musicians themselves. Many will recognize Paz Lenchantin from her work in A Perfect Circle and Zwan. Paz is very skilled in numerous instruments including bass guitar, the violin, castanets, and piano to name a few. In addition to being a talented musician Paz also has a very beautiful voice which you can hear on this record. For those of you who own a copy of Thirteenth Step you can find Luciano Lenchantin’s name under the “thanks to” section in the booklet or the inside cover of the vinyl. Currently Paz has just released her second album with new band Entrance and you can catch their shows at various locations around California.

Recorded in Louisville Kentucky “Songs for Luci” is a very short, but sweet album clocking in at 18 minutes and 4 seconds and has a lot to offer the listener in its short playtime. Paz does an excellent job at composing each song and making it all fit together. Everything on here is 100% Paz as there no guest artist accompanied her in putting this album together layer by layer. Paz explained this on her website; “I recorded layers and layers of my violin over layers and layers of vocals throughout.” The album starts off with Montana Train and we are greeted with the first layer of violin and a few seconds later the second layer of violin comes in followed by some very nice notes from Paz’s guitar and then some nice soft backing vocals. Next is Kentucky Hymn. You can find this song on Paz’s myspace as well as a trippy video for it on YouTube. The song starts with some beautiful guitar notes which remain present through the entire song under violin and vocal layers. This is the first song on the album that has actual lyrics. Up next is the shortest track on the whole album clocking in at 42 seconds. It is called Violins and rightfully so as it consist of only violin layers. It is a very sad sound piece although you could probably accidentally miss it if you weren’t paying attention. Violins, is a very essential piece to the over all flow of the album and is a good way to separate Kentucky Hymn and 365. 365 has become my favorite track on “Songs for Luci” and it contains the same formula as the past few songs. Paz’s vocal and lyrical work really shines through in this song. California is the longest song on the album at 4 minutes and 34 seconds. While it is a very pleasant and relaxing instrumental piece; this song lacks progression from start to end and can become a little boring if you are not in the mood to hear it. The last two songs Bloom Like Roses and The Parade finish off the album very nicely. The Parade is one of the best tracks on the album. It’s another instrumental piece that has a new layer added that the other songs didn’t have which are drums. From this song you get the feeling that you are standing on a street in California as a parade of violins, drums and guitars are slowly heading towards you. The closer they get the more of each instrument you can hear until they’ve passed you by and you can’t hear them anymore for this album and the parade are over.

“Songs for Luci” is a very touching album. Paz does a great job in creating a very pleasant atmosphere filled with her vocal harmonies and layers of instrumental melodies. For me “Songs for Luci” was excellent addition to my collection, but it might not be for everyone. Paz said so herself on her website. “This album is not for everyone but is available only here for anyone.” This album will only be available on Paz Lenchantin’s website until the beginning of March.

o en Sputnik

beaufer…



Tercer larga duración de Entrance, a diferencia de trabajos anteriores aquí se electrifica con riffs de blues y fuertes dosis de Hendrix y Rolling Stones, reforzando en lugar de diluir sus canciones. Al hacer hincapié en este aspecto de su música, Blakeslee esencialmente saca su white blues jones – que en el mejor de los casos fué difícil de vender, y en el peor, insoportable – para un nuevo set de pretensiones, quizás tomando un pequeño desvío, o abriendose a un nuevo camino aún por verse.

Sin embargo, como si fuera el chamán psicodélico que ilustra la portada, trayendonos noticias de otras existencias, aquí suena mucho más convincente, ajustando sus aspiraciones y manteniendo la mezcla de blues y rock con un sonido pulido y calculado. En efecto, los enredos de ruido de las guitarras en estas ocho canciones dan oportunidad a Blakeslee para hacer más hincapié en su voz. El picante “Pretty Baby” , y la épica de ocho minutos “Lost in the Dark”, con gruñidos salvajes, alaridos de rock’n’roll, que se elevan desquiciadamente por encima de los estruendos electrificados convirtiendose en parte de los mismos.

Blakeslee ha reunido a un grupo de aventureros colaboradores que lo respalda, creando un remolino del que puede lamentarse febrilmente, una banda. Incluyendo a Paz Lenchantín (A Perfect Circle, Zwan), el director de cine Maximilla Lukács, y Derek James– no sólo suena fuerte, es intenso. Los arreglos de cuerda de Paz añaden una tensión insoportable a “Silence on a Crowded Train” & “Pretty Baby”, y sus downlow-bass-licks proporcionan densas melodías sobre las que Guy puede girar y girar y zumbar frenéticamente. En este contexto, incluso el único número de blues acústico, “Prayer of Death”, suena mejor, más directo y controlada, un descanso en la fuerza de la banda.

Tal vez lo más importante, la combinación de entradas de riffs de blues y psicodelia-drone refuerza los temores sobre la mortalidad y la aniquilación a través de las letras. “tú cabeza en la tumba”, se lamenta en “Pretty Baby”, “pero todavía no sé por qué.” Al parecer inspirado en “The Daily Death-Vibrations of The Modern World”, “Prayer of Death” inicia con el amplificado “Grim Reaper Blues”, montado sobre un riff de blues barroso y una efectiva llamada del cantante respondida por la banda, seguido de “Silence on a Crowded Train”, donde su paranoia es compensada por su inmenso sonido al filo del precipicio. “Réquiem for Sandy Bull (RIP)” destaca menos por por los sitar-drones que por el Memorial. Para Blakeslee, la muerte es el final psicodélico, que borra por completo la mente en lugar de ampliarla – pero según parece por el tema de cierre, Blakeslee ha hecho una suerte de paz con la idea. Sus últimas palabras son:

“Cuando piensas sobre la muerte todos los días, nunca tengas miedo!”

. Si fuera tan fácil…

Read the Original Here

If Baltimore indie bluesman Guy Blakeslee previously got his blues direct from the source, then on Prayer of Death, his third full-length as Entrance, he orders through a middleman– namely, 60s psychedelia. Here, he electrifies his blues riffs with strong doses of Jimi Hendrix and the Rolling Stones, which strengthens instead of dilutes them. By emphasizing this aspect of his music, Blakeslee is essentially trading his white blues jones– which at best was a hard sell, at worst insufferable– for a new set of pretensions, and whether he’s taking a short detour or cutting a new trail for himself remains to be seen.

However, as a psychedelic shaman bringing us news from other planes of existence (dig that album cover), he sounds much more persuasive, and his tweaked aspirations keep the mix of blues and rock on Prayer of Death from sounding slick, calculated, or Eric Clapton. In fact, the tangles of guitar noise on these eight songs give Blakeslee more opportunities to emphasize his vocals. He peppers “Pretty Baby” and the eight-minute epic “Lost in the Dark” with feral grunts that are part mortal cough, part rock’n’roll yell, and his unhinged howl rises above the electrified din even as it becomes part of it.

It helps that Blakeslee has assembled an adventurous group of collaborators to back him up. Creating a maelstrom from which he can wail feverishly, the band– which includes A Perfect Circle’s Paz Lenchantin, filmmaker Maximilla Lukacs, and Derek James– isn’t just loud, it’s intense. Lenchantin’s string arrangements add unbearable tension to “Silence on a Crowded Train” and “Pretty Baby”, and his downlow bass licks provide a densely melodic bottom end over which the guitars can twist and swirl and drone frantically. In this setting, even the lone acoustic blues number, “Prayer of Death”, sounds better, more directed and controlled, a break from the bands’ doomy force.

Perhaps most importantly, Entrance’s combination of blues riffs and psychedelic drone reinforces the fears of mortality and annihilation that course through the lyrics and thread the songs into a powerful statement about deathly dread. “Your head’s in the grave”, he wails on “Pretty Baby”, “but you still don’t know why.” Reportedly inspired by “the daily death-vibrations of the Modern World”, Prayer of Death kicks off with the amped-up “Grim Reaper Blues”, which rides a muddy blues riff and an effective call-and-response between singer and band, followed by “Silence on a Crowded Train”, its paranoia offset by its immense, edge-of-the-precipice sound. And “Requiem for Sandy Bull (R.I.P.)” is noteworthy less for its sitar drone tribute to the late musician than for the fact that it’s a memorial. For Blakeslee, death is the ultimate psychedelic, erasing the mind completely instead of expanding it– and by the closing track, Blakeslee has made some sort of peace with the idea, which makes the album sound like a journey instead of a tract. His final words are “When you think about death every morning, don’t you ever be afraid!” If only it were that easy.

o en Pitchfork

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Alejándose de la grabaciones caseras que han marcado sus últimos esfuerzos, para su cuarto álbum, Kinsella empleado la ayuda de su primo Nate desde Semaphore Studios y Brian Deck (Iron & Wine, Red Red Meat) en el motor de los estudios para crear su obra más musicalmente intrigante registro hasta la fecha. Y mientras las cuerdas, bajos stand-up y fuertes baterías añaden una dinámica exuberante a las canciones de Kinsella, gran parte de At Home With Owen gira cerca de un sonido monótono. Es un placer escuchar sus dedos bailar sin esfuerzo en todo el diapasón y un testimonio de su escritura que no se distraiga del arco general de la canción.

Read the Original Here

Along with his brother Tim, Mike Kinsella helped shape the emo landscape since in the early 1990s, first with the posthumously seminal Cap’n Jazz and later in acts such as Joan of Arc and Owls. While his brother garnered most of the press (and often derision) for his obtuse lyrics (as well as fronting another handful of side projects), Mike quietly focused on his own songwriting. Unfortunately, like Cap’n Jazz and Owls, Mike’s bands never lasted long before dissolving. The One Up Downstairs and American Football both fell apart while establishing in the midst of establishing the kind of buzz most acts only dream of. Not surprisingly, his solo project Owen has been his most enduring project to date. Eschewing the verbal acrobatics of this brother, over the course three albums and a handful of smaller releases, Kinsella has directly addressed love, loss, anger, and regret with songs that are painfully direct and carefully crafted.

At Home With Owen expands the minimal guitar and voice aesthetic palette that Kinsella has stuck with until now. Moving away from the home recordings that have marked his past efforts, for his fourth album, Kinsella employed the help of his cousin Nate at Semaphore Studios and Brian Deck (Iron & Wine, Red Red Meat) at Engine Studios to create his most sonically intriguing record to date. And while the strings, stand-up bass, and sharp drums add a lush dynamic to Kinsella’s songs, much of At Home With Owen veers close to a monotonous sound. “Bad News” and “A Bird in Hand”, each running well over five minutes, are easily the most accomplished songs of the disc, but there are a run of songs between them that, with Kinsella’s raw voice pushed to the front as usual, and delicate compositions, begin to blur. Luckily, Kinsella saves his best material for the last third of the disc. “Femme Fatale” pulses with a strangely retro vibe, with throbbing keys and a gripping pop hook carrying the tune along. “Windows and Doorways” features some of Kinsella’s finest guitar work—both on acoustic and electric—since the days of American Football. It’s pure pleasure hearing his fingers dance effortlessly around the fretboard and a testament to his writing that it doesn’t distract from the song’s overall arc. The album closes with the wonderfully poignant “One of These Days”, a grey-morninged daydream for the down on their luck.

Lyrically, however, Mike has kept things familiar, wading unflinchingly into his personal life, continuing to document his struggles with courageous honesty. Yet, despite Kinsella’s willingness to leave no stone unturned, one wonders when his lyrical focus will change. Album and after album, Kinsella can’t seem to find a girl and even when he does here (“A Bird in Hand”) he is plagued by an inability to convey his feelings to her. “Bad News” continues a trend of Kinsella songs softly, yet efficiently, cutting down an ex, while with “The Sad Waltzes of Pietro Crespi” he practically begs for an unconditional love. In his own press notes, Kinsella is proud of the album for being the most three-dimensional to date, and to a point he is right. At Home With Owen does examine his failed relationships with more detail than in the past, but after six years churning out similarly thematic songs, I wonder if the problem isn’t with the women he meets (“Femme Fatale”) but with Mike himself.

At Home With Owen never makes any illusions about its subject matter, but Kinsella is at the point in his solo career when his lyrical gaze needs to move higher than his navel and embrace a variety of viewpoints. It would be interesting to see more songs written from his girlfriends’, best friends’, or coworkers’ points of view—something that would allow a more multifaceted account of his life. Overall, At Home With Owen is yet another fine entry into Kinsella’s discography. There is enough fine playing, and emotionally potent moments to overlook the troubling narrative. Hopefully, the corpse on the front of the disc points to the death of one phase of Kinsella’s solo career and promises something fresher the next time around.

o en PopMatters

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Amputechture es el tercer álbum de la banda de The Mars Volta. Producido por Omar Rodriguez-Lopez y mezclado por Rich Costey. El dibujo de la portada es la inversión horizontal del “Big Mutant” de Jeff Jordan.

Amputechture marcó la primera vez que Omar y Cedric habían trabajado con una narrativa unificada. El proceso creativo esencial permaneció siendo el mismo: Omar creó la música (incluyendo las secciones de trompetas) y Cedric las letras – pero esta vez con la libertad de documentar las historias sin relación, con viñetas, chistes mucha gente, eventos y memorias. Con todo, a Cedric le gustó la experiencia alternativa de compartimentalizar los episodios como la Night Gallery de Rod Serling o la trama de Twin Peaks de David Lynch – historias no necesariamente lineales o de alguna manera conectadas, pero todas contadas por la misma voz.

Cedric Bixler-Zavala dijo que las inspiraciones para el álbum fueron muy diversas, variando de las marchas de migraciones recientes en EEUU a las nuevas historias de monjas poseídas. Más allá del concepto del álbum, la historia y el sentido global del álbum, Cedrid tuvo que decir:

“Este álbum está basado en el miedo a Dios en vez de el amor a Dios que va de la mano con el Catolicismo… Para mí, la religión es la razón por la que hay tantos conflictos en este mundo y pienso que es tan innecesario creen en el Dios de ojo azul, barba blanca y pelo canoso. Amputechture es mi manera personal de describir la iluminación o sólo la celebración de esta persona que es un chamán y no un loco. Va sobre la glándula pineal y cómo ciertos elementos que imitan una experiencia de DMT y cómo podemos acercarnos a la cura del cancer y el SIDA si estamos más sintonizados con lo que sucede en la selva tropical.”

Omar Rodriguez-Lopez ha declarado que la palabra “Amputechture” fue acuñada por Jeremy Michael Ward. Omar declaró en una entrevista al Switch Magazine:

“Esta palabra ha estado con nosotros durante mucho tiempo y queríamos utilizarla para algo muy importante. Para nosotros, este tercer álbum es muy importate y… No sé exactamente qué significa, pero el sonido de la palabra nos hace sentir bien.”

Siempreforma
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