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tillögur að löglega afla

Category Archives: 2006

“Uh, ¿invisible dices? Bueno, es fácil ser invisible si de verdad lo deseas. Es sólo una cuestión de actitud”

“Es extraño lo atractiva que puede ser la indiferencia” (“The Scientist Writes a Letter”, Tom Verlaine)

“Me gusta pensar que soy invisible. Le encuentro muchas ventajas. Desafortunadamente, el negocio musical no funciona así. Si no creas algún tipo de imagen pública, la crean los demás por ti”.

Puede que a eso sea a lo que se ha dedicado estos últimos años, a hacerse lo más invisible que le permiten sus necesidades. Afortunadamente nos quedan sus discos, una obra que, revisada hoy, se nos muestra mucho más variada y compleja, y al mismo tiempo más accesible, menos esquinada que cuando fué publicada.

“Songs and other things”, a pesar de desconcertar en una primera escucha (¿para qué empezarlo con otro instrumental cuando simultáneamente publicas uno entero, “Around”, sin palabras?; además, uno diría que retorcidamente, coloca las canciones más ásperas al principio), pero poco a poco nos va descubriendo sus encantos.

Los solos suenan menos espectaculares, más concentrados pero igual de efectivos, y aunque uno puede echar en falta alguno de esos largos monólogos guitarreros que sólo él parece oír, a cambio nos compensa con un sinfín de dibujos, melódicos a veces, más rudos otras, siempre inconfundibles, que arropan una colección de canciones que barren de un plumazo el mal recuerdo de “The Wonder”. A veces creando ambientes que discípulos aventajados como Yo La Tengo frecuentan, como en “A Stroll”; otras revisitando algo que podríamos llamar folk rock neoyorkino en “Orbit” o la majestuosa “The Earth is in the Sky”; componiendo las canciones que ya no hace Lou Reed (“Lovebird Asylum Seeker”); subiendo los amplis para atacar un riff de esencia garajera en “All weirded out”, o divirtiéndose trazando espirales sicodélicas durante “The day on you”. No, no es “Flash Light” o “Dreamtime”, si es que alguien lo esperaba, pero, por si hacía falta demostrarlo, por mucho que su nombre llene la de boca de unos y otros, nadie suena como Tom Verlaine. No se si en un mundo en el que las novedades duran menos de un suspiro, todavía hay gente que esté dispuesta a dedicar el tiempo que discos como éste necesitan. Puede que a veces no nos ponga las cosas fáciles, pero más que nunca necesitamos a personajes como Tom Verlaine, sin miedo a volverse invisibles en un ambiente en el que los asesores de imagen vuelven a ser importantes, todavái ajenos ajenos al devenir de modas que vienen y van y no nos dejan más que hojarasca. –Ultrasónica

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Ruthann Friedman’s chief claim to fame is having written The Association’s 1967 hit “Windy.” Less well known, however, is Constant Companion , her sole solo album recorded for Reprise in 1969. Water’s reissue of the album seems timed to follow the success of other recently-rediscovered female singer-songwriters (Vashti Bunyan, Judee Sill) continue→

and the resurgence of ’60s-inspired folk in general. Constant Companion, however, is no mere nostalgia trip, nor is its re-release a case of opportunistic bandwagoning.

While Friedman’s music will undoubtedly be grouped with that of Bunyan and her present-day heirs (Devendra Banhart, for one), she has little in common with them. Contrary to what her song titles (“Piper’s Call,” “Fairy Prince Rainbow Man”) might suggest, she doesn’t indulge in idyllic flower-power folk. While Constant Companion doesn’t immediately elicit comparison to any particular artist, it is perhaps closest in spirit to the first two albums of Friedman’s Reprise labelmate Joni Mitchell. Like Mitchell, Friedman is a skilled guitarist and gifted songwriter, attributes that separate her from the era’s horde of would-be folkies. She possesses a deep, powerful voice, and her impressive vocal control suggests that she may have been classically trained. In other words, she’s no amateur dilettante who got lucky enough to record a one-shot album, but rather a fully mature and practiced artist.

The songs on Constant Companion cover a range of styles, from Simon and Garfunkel style folk (“People”) and Mitchell-inspired psychedelic ruminations (“Fairy Prince Rainbow Man,” “Danny”) to jazz-inflected pop (“Morning Becomes You”). The arrangements are sparse, consisting solely of Friedman’s acoustic guitar and voice, with the exception of lead guitar by Peter Kaukonen (brother of Jefferson Airplane and Hot Tuna’s Jorma, and creator of Constant Companion’s cover art). Friedman’s wide stylistic range suggests that the suits at Reprise may have been a little too eager to force her into the role of “the next Joni”; several of her songs cry out for further orchestration (the fingerstyle guitar intro to “Looking Back Over Your Shoulder” being one case in point). While they work as acoustic compositions, they may have benefited from more complex arrangements, as does the post-album single “Carry On (Glittering Dancer),” a quirky track that indulges in Van Dyke Parks-style baroque orchestrations (apparently Parks and Friedman were briefly an item, and he executive produced the track.) Given the fact that Friedman hasn’t recorded anything since, Constant Companion can hardly help but evoke imaginings of what might have been had she stayed in the business longer. As it stands, though, the album is a fine effort, and its rescue from the archives is certainly to be applauded.

El principal motivo de la fama de Ruthann Friedman se debe a haber escrito el hit “Windy” de The Association en 1967. Menos conocida sin embargo, es este Constant Companion, su único álbum en solitario grabado para Reprise en 1969. La reedición por Waters del álbum parece programada a seguir el éxito de otras recientemente redescubiertas cantautoras (Vashti Bunyan, Judee Sill), y el resurgimiento del folk de los 60. Constant Companion, sin embargo, no es un simple viaje nostálgico, ni su re-lanzamiento es un caso de oportunismo.

Mientras la música de Friedman sin duda, será agrupada a la de Bunyan y sus actuales herederos (Devendra Banhart entre otros), Friedman poco tiene en común con ellos. Contrariamente a lo que sugieren los títulos de sus canciones (“Piper’s Call,” “Fairy Prince Rainbow Man”), ella no cae en un idílico flower-power de folk. Mientras que Constant Companion no provoca inmediata comparación con algún artista en particular, es quizás el más cercano en espíritu a los dos primeros álbumes de Joni Mitchell para Reprise. Al igual que Mitchell, Friedman (compañera de sello) es una virtuosa guitarrista y talentosa compositora, atributos que la separan de la Horda de aspirantes a folkies de la época. Poseedora de una voz profunda y poderosa, y su impresionante control vocal sugiere que pudo haber tenido una formación clásica. En otras palabras, no es una aficionada que tiene la suerte de grabar un disco, sino más bien un artista maduro y practicado.

Las canciones del disco cubren una amplia gama de estilos, del folk de Simon and Garfunkel en “People”, meditaciones psicodélicas Mitchellescas en “Fairy Prince Rainbow Man” & “Danny”, al jazz pop de “Morning Becomes You”. Los arreglos son escasos, consistiendo únicamente en guitarra acústica y voz de Friedman, con la excepción de la guitarra de Peter Kaukonen (hermano de Jorma Kaukonen, de Jefferson Airplane & Hot Tuna, y creador del arte de tapa de Constant Companion).

La amplia gama estilística de Friedman sugiere que las demandas en Reprise, pueden haber sido algo demasiado ansiosas, forzando en su rol de “próxima Joni”. Varias de sus canciones piden a gritos más orquestación (la intro fingerstyle en “Looking Back Over Your Shoulder”, es ejemplo de ello). Si bien se trabajó en forma de composiciones acústicas, puede que se hubiesen beneficiado con arreglos más complejos, al igual que el post-single “Carry On (Glittering Dancer),” un tema peculiar que se entrega al estilo barroco de las orquestaciones de Van Dyke Parks.

Teniendo en cuenta que Friedman no ha grabado nada desde aquel Constant Companion, no se puede dejar de evocar fantasías de lo que podría haber sido si se quedaba en el negocio por más tiempo. Sin embargo, tal como está el álbum es un muy buen esfuerzo, y su rescate sin duda debe ser aplaudido. –Michael Cramer

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Tanto da que me resistiera lo suyo antes de sumarme al elogio generalizado de su destacado debut de 2004, “Lesser Matters”, (que bien podría pasar por la cabeza del iceberg de ese subterráneo revival shoegazer que muchos avistan), los suecos THE RADIO DEPT. pertenecen a ese tipo de bandas que se terminan queriendo locamente con el corazón, por mucho que la cabeza invite a la prudencia. Y es que arranca un disco como éste, con la instrumental “It´s personal” cavando una zanja entre THE CURE y OMD, y al poco rato su inquietante batiburrillo de influencias selectas te tiene tan completamente pillado que no hay sospecha que valga. Sí, todo lo que te gusta está ahí en su justa medida, casi como oficiando de demostración de la tesis de que no sólo se puede trazar una línea del after-punk a los shoegazers por la vía del synth-pop, sino que dentro de ese parámetro, hemos venido caminando multitud de bandas y oyentes, persiguiendo una misma sensibilidad durante años. Si existe un punto intermedio en el que juntar a –miren sus adentros, miren sus discografías- FIELD MICE, JESUS AND MARY CHAIN, FELT, THE CURE, PET SHOP BOYS, JOY DIVISION, MY BLOODY VALENTINE, OMD, TREMBLING BLUE STARS y SLOWDIVE, pues señores, THE RADIO DEPT. están justo ahora en ese punto dando, dando ahí, en el centro mismo del corazón del pop indie de tez blanca, tono desapasionado y regusto doméstico, que emite siempre a media voz.

Vale, “Pet Grief” probablemente no sea más que un humilde pastiche realizado, eso sí, con exquisito gusto. Como si de los BLACK CROWES o los OCEAN COLOUR SCENE del after-punk/shoegazer se tratara, THE RADIO DEPT. ofrecen un notable disco de género nada disimulado, que igual entusiasmará a los afines a ese tipo de sonidos, como repeler precisamente por ello. No hay más novedad que los nuevos sonidos que se suman, y ésta la da el pronunciado vuelco hacia una rudimentaria electrónica muy, muy 80´s (hagamos ahora la línea OMD-NEW ORDER-PET SHOP BOYS-Sarah Records), una constante presencia de pianos y ese enredador toque gaseoso de aquel sonido catedralicio de los CURE del “Disintegration”. Sobre ello, el sólido bloque que compone “Pet Grief” no deja de evocar aquel misterio que desprendía la música en la adolescencia y uno se abrazaba a ella con el modo reverencial del descubrimiento.

La adormilada voz de Johan Ducanson se filtra entre teclados atmosféricos, encantadores percusiones con añejo sabor a caja de ritmos y unas cada vez más puntuales cortinas de ruido blanco. Así surgen maravillas como “Every Time” (o lo que sería bañar el “Emma´s House” de FIELD MICE en las aguas eléctricas de “Psychocandy”) para soltar candorosas y sintéticas líneas de innegable practicidad pop sobre lo sencillamente complicado de las relaciones humanas, aptas para al himno de andar por casa.

Ahí va un botón de muestra extraído de la mencionada “Every Time”:

“cambia tu mente / éste es tu problema no el mío / tú siempre encuentras / alguien a quien colgarle las cosas”.

Pongamos otro capturado de la tristeza contenida en el calmo puntillismo electrónico de “I Wanted You To Feel The Same”:

“Me rompe el corazón decir que cuando sentía dolor / yo quería que sintieses lo mismo / pero nada te toca realmente / Es una pena / no puedo creer que no hayas sentido nada en absoluto”.

Aunque quizá donde más calen es en el single “The Worst Taste In Music”, un sentido puente entre los PET SHOP BOYS del “Behaviour” y los OMD más volátiles, en la que el abandonado amante ve como su ex novia ya está con otro, amortiguando la ausencia con el pésimo gusto musical que el “sustituto” posee. Pero más allá del acierto puntual, lo que logra “Pet Grief” es inundarte de su particular microclima, consiguiendo que su evocadora niebla penetre en todos y cada uno de los poros de tu piel, hasta llegar al final y sentir la necesidad de volver a hacerlo sonar. Y eso claro está, es hablar con el corazón, no con la razón.

Llevo ya semanas enganchado a la lánguida estampa de este disco al que recurro de continuo, pese (o gracias, según se mire) a sus melancólicos efectos secundarios. De pronto, vas por la calle escuchando un grupo de 2006 que recrea con pasmosa soltura una buena parte de la b.s.o. de tu adolescencia, te topas frente tus pintas en el reflejo de un portal ahumado y ves, de golpe, que (!!!buff!!!) ahora pasas por desfasado precisamente por lo mismo que antes eras raro, ya completamente superado por la retro-modernidad. (Un suspiro). ¿Empieza la decadencia treinteañera?, ¿llegó el momento de decir que ya no se hacen discos como antes y sentir el pasado idealizado como algo irrecuperable a adorar?. Probablemente sobren las respuestas. Eso sí, mi particular bajada de la cima juvenil prefiero enfilarla sintiéndome taciturnamente fuera de tiempo con THE RADIO DEPT. en ese ipod en el que siempre hay lugar para “Closer” o “Loveless”, que asistiendo a los directos de los ROLLING STO… !ah no!, quería decir los PIXIES. –Javier Becerra

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Sol Seppy es mejor conocida como Sophie Michalitsianos, miembro de Sparklehorse, que se enorgullece con el deleite del romanticismo celestial de The Bells of 1 2. Es un fuego lento, que premia la escucha paciente, girando en torno a paisajes sonoros atmosféricos, pianos suaves y algún cello con los pelos de punta.

Hay una belleza frágil, casi inocente, que rodea temas como Human, con letras como “el amor va a levantar tu corazón”. Es doloroso y conmovedor hasta las lágrimas, y envíadas con un estilo que desafía algunos de los elementos más duros del mundo de hoy.

Algo de encantadora electrónica, rodea las hipnóticas brisas de beats en Come Running, cuando la voz de Sophie adopta una vibración más positiva. Mientras que en Move las claves hacen un enfoque conjunto más combativo, y a veces agresivo para sus estándares.

En ocasiones, el disco se desplaza por territorios demasiado etéreos para su propio bién, y prueba la paciencia de los oyentes. Pero son pocos y distantes entre sí esos momentos, con temas como Slo Fuzz que rezuma una tranquila sensación de presentimiento, mientras aparecen excelentes arreglos, o Wonderland, sobre la trágica historia de un artista con la sensación de que el cambio no vendrá de una manera optimista.

Mejor aún es Loves Boy, un fascinante esfuerzo que gotea de una belleza impresionante.

Como Sophie misma dice:

” Es el descubrimiento de la belleza, lo que me inspira más”



Read the Original Here

THE ethereal songs of Sol Seppy’s The Bells of 1 2 provide a hypnotic listen that drips with beauty.

Sol Seppy is better known as Sophie Michalitsianos, the former Sparklehorse member, who prides herself in the fact that The Bells of 1 2 revels in a celestial romanticism.

It’s a slow-burner that rewards the patient listener, built around atmospheric soundscapes, soft piano and some spine-tingling cello.

There’s a fragile, almost innocent beauty surrounding tracks like Human, with lyrics such as ‘love will lift your heart’. It’s achingly poignant, tearfully poignant and delivered in such a fashion that defies some of the harsher elements of the world today.

There’s some enchanting electronica surrounding the breezy, hypnotic beats of Come Running, when Sophie’s vocals adopt a more positive vibrancy about them.

While on Move the singer hints at an altogether more feisty approach, dropping an aggressive (by her standards) beat over some really strained vocals (during the chorus).

Fans of the likes of Imogen Heap are sure to be impressed, while the promotional material likens her to Mazzy Star and the Cocteau Twins.

Occasionally, the album drifts into territory that’s simply too ethereal for its own good, testing the listeners’ patience.

But such moments are few and far between, with tracks like Slo Fuzz oozing a quiet sense of foreboding, while introducing some more excellent instrumentation, and Wonderland relating the tragic tale of an artist with the sinking feeling that a change will never come in surprisingly upbeat fashion.

Better still is Loves Boy, an entrancing effort that drips with breathtaking beauty.

As Sophie, herself, states: “It’s the discovery of beauty that inspires me the most.” Her ability to share it musically is what makes Sol Seppy’s debut so impressive.

o en Indie London

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Mi ultima noticia auditiva de Quasi se quedo en “Sword of god”(2001), un doble vinilo de tres caras que irradiaba psicodelia extraña, pop ruidoso y una algarabía instrumental de lo más interesante.

Los de Portland, comandados por Sam Coomes,verdadero hombre orquesta, es el responsable de que este “When the going gets dark” sea un coctel frenético de pop independiente sin colorantes no aditivos.

Y es que no te puedes resistir cuando suena “Alice the goon”, torrente electrico de pop electrificado que da paso a una sesión de glam ruidoso en “The rhino” con piano incluido y locura sin contener.

Quasi tiene la cualidad de mirar a los 70 sin sonrojarse.

“I don’t know tou anymore” es un hit en toda la regla que mira tanto a The Kinks como a los Pavement de última época.
O “Peace and love” , coros rockistas en una serenata de guitarras ácidas que demuestran que si se revisten los sonidos añejos de ironía y desparpajo salen olas densas de calor.

Y terminan apaciguados, domados por tanto sudor y fiebre, con “Invisible star”, emocional, y hasta efectiva con ese punteo que se acristala en una melodía triste.

Gozada por tanto este “When the going gets dark” que gustará tanto a los amantes de lo independiente como a los que conserven buenos recuerdos de lo que se hacia hace ya mucho tiempo. El Varapalo

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El problema con Neko Case es que hace pensar que todo es endiabladamente fácil. Que no cuesta nada llegar a unas notas titánicas y cantar como una virginiana de bares mientras una prepara el almuerzo. Mentira. Nadie puede cantar en estos días como Neko Case. Y quien sea que lo intente en su casa se verá expuesto a una humillación de proporciones: acompañar con voz de tarro una presencia espeluznante que parece una expresión arqueológica de música sureña.

Recogiendo una tradición country de arreglos intrincados que en apariencia se escuchan lineales, y ocupando la voz como instrumento omnipresente, el cuarto disco de estudio de la cara bonita de The New Pornographers es lo bastante bajo perfil como para dejarlo pasar a la primera. Ocupando todo el espacio con su voz y con canciones que no suenan ni demasiado experimentales ni demasiado oreja, Fox Confessor Brings The Flood parece quedar en el limbo de esos discos de singer-songwriters treintones que perdieron la onda y que empiezan a componer como académicos. Pero lo que salva a Neko de un disco aburrido es que ella conmueve hasta la incomodidad. Misterioso, en Fox confessor… hay fragmentos de historias que nunca hablan de algo demasiado bueno: añoranzas, accidentes y belleza perdida. Generando un ambiente intrincado, Neko pone toda la fuerza en canciones correctas que suenan perturbadoras. Así abre ‘Hold on, hold on’, diciendo:

“The most tender place in my heart is for strangers/ I know it’s unkind but my own blood is much too dangerous???

, y en ‘That teenage feeling’ clama por la necesidad –después de haber pasado por tantos secretos y cumpleaños– de seguir buscando ese sentimiento adolescente. Intimista, en lo de Neko Case no hay una búsqueda experimental. Lo de ella va por hacer un pop correcto, que recoge tradiciones para validarse y tornarse novedoso por descarte. Pero eso no lo hace memorable, y por eso el gran valor de Case es ocupar su voz como una herramienta narrativa de sorpresa y recogimiento. De manera que al tenerla en los audífonos, no quede más que admitir que esta mujer es capaz de ponerle vida a un álbum que de seguro sería un somnífero con la voz de alguien como Keren Ann. Para darle muchas vueltas hasta sentir el escalofrío. Super45.Net
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Madeleine Peyroux parece una artista de mayor edad que la que realmente tiene.

A pesar de que sólo está en sus primeros 30 años, su música y el sonido de su voz es como si perteneciera a generaciones anteriores.

Para su nuevo álbum, “Half The Perfect World”, muestra el núcleo emocional de canciones de otros artistas que admiraba, además de manifestar su talento compositivo en cuatro canciones co-escritas, manteniendo el eje en el romanticismo.

El disco es algo menos pesado en cuánto a las influencias de Billie Holiday que su anterior “Careless Love”, pero más intrigante en la selección de canciones.

Peyroux aborda las canciones de amor que ama, llevándolas a través de lecturas de atemporal jazz.

“The Summer Wind” de Johnny Mercer, “Blue Alert” de Leonard Cohen, “River” de Joni Mitchell , “Everybody’s Talkin’ ” de Fred Neil , “(Looking For) The Heart Of Saturday Night” de Tom Waits, “La Javanaise ” de Serge Gainsburg, y “Smile ” de Charlie Chaplin.

El álbum evoca imágenes de humosos bares, con música levantada de tomas de alguna feel-good movie americana, cepillos golpeando la batería, apenas rozando su piel, luminosas y ricas guitarras, y contrabajos en lugar de los eléctricos.

Un agradable deambular por territorio familiar.

Read the Original Here

Madeleine Peyroux comes across as an artist older than her years.

Even though she is only in her early 30’s, her music and voice sound like they belong to the previous generation.

The fact that Peyroux’s voice absolutely reeked of her Billie Holiday influences somewhat tarnished that breakthrough album “Careless Love”.

For her new album, “Half The Perfect World”, she showcases the emotional core of songs by other singers and songwriters she’s admired, and also displays her talents as a writer on four songs she co-wrote, keeping a distinctly romantic edge.

The CD is slightly less heavy on the Holiday-isms but more intriguing in the song selection.

For Peyroux tackles the love songs she loves, treating them to timelessly jazzy readings.

Given the makeover are Johnny Mercer’s “The Summer Wind”, Leonard Cohen’s “Blue Alert”, Joni Mitchell’s “River”, Fred Neil’s “Everybody’s Talkin'”, Tom Waits’s “(Looking For) The Heart Of Saturday Night”, Serge Gainsburg’s “La Javanaise” and Charlie Chaplin’s “Smile”.

The album conjures in the mind imagery of smoky bars, music lifted from the screen of an American feelgood movie. Drums are always light brushes, barely touching the skins, guitars light and fruity, clearly a double bass rather than an electric.

No cutting edges are approached, no taboos challenged, but it is a pleasant amble through familiar territory.

writen by Musicology

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