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tillögur að löglega afla

Category Archives: 2001


Good Lord. How do they do it? We marveled at Cap N’ Jazz. We puzzled at, but loved Joan of Arc. We fell in love with American Football‘s beauty. Owls does not break the chain of genius. continue→

Imagine Joan of Arc with a consistant beat and Tim Kinsella singing (mostly) on-pitch notes. Now imagine the coolest songwriting ever penned. Owls fits somewhere in the middle. It’s jazzy and sporatic. It’s beautiful and disturbing. It’s like nothing you’ve ever heard. After a few listens you will thank the music gods for allowing this record to be made. It will suck you in and not let you go. This is one of those albums that you won’t leave home without. It simply will not leave your CD player no matter how hard you try. Well worth every penny. The only downside to this record is that it only has eight tracks. Mike, Tim… give us another one please… Nathan Pierce

Buen Señor. ¿Cómo lo hacen? Nos maravillamos de Cap’n Jazz. Quedamos perplejos y confundidos, pero nos encantó Joan Of Arc. Nos enamoramos de la belleza de American Football. Owls no rompe esa cadena de genialidades. Imaginar a Joan Of Arc con beats constantes y Tim Kinsella cantando (mayormente) sobre notas altas. Ahora imagine las mejores composiciones jamás escritas. Owls se ajusta en un algún punto intermedio. Es avivado y esporádico. Es hermoso e inquietante. Es como nada que hayas oído. Después de unas pocas escuchas, darás gracias a la música de los dioses por permitir que este registro se haya hecho. Este es de esos discos que no dejarás en casa al salir. Sencillamente, no dejará tu reproductor, no importa cuánto te esfuerces. Nathan Pierce

¿Qué sucede cuando se cruza una saludable dosis de experimental, jazz, y post-emo? llegas a Owls. Si accidentalmente llegaste a esta página tratando de encontrar el disco de Rob Thomas, te ahorraré algo de tiempo … los odiarás.

Pero si estás tan quemado de progresiones G-D-C que estás a segundos de vomitar una egagrópila, por favor, permita que esta banda ingrese en su colección musical. Pero me deja una cosa de mi pecho, yo no voy a siquiera intentar describir las guitarras esquizofrénicas que de alguna manera han descubierto la forma de caminar una barrera invisible entre rhythm & lead. Y no hay manera de que pueda relatarte como tal la brillantez, y el sabor de este aparente lío caótico. Aquellos de ustedes que prefieren más belleza simétrica y accesible indie, deberá examinar la increíble música de American Football, otra perla del collar Kinsella. A.F.I.H.F.

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Lleno de energía, ingenio, encanto y entusiasmo, este grupo de Baltimore ofrece una combinación mágica de rock, soul psicodélico, y pasión post-punk para animar un disco entero. Publicado bajo la etiqueta Tiger Style, The Convocation Of… ofrece una variación de texturas, tonos, sabores y colores musicales, con guitarras sorprendentes, ritmos delirantes, teclados bellamente melódicos, y voces convincentes. Pyramid Technology es el tipo de registro que requiere repetidas escuchas para satisfacción de oídos y gustos del oyente. En medio de cada conmovedora escucha, no te quedarás sin nuevas sorpresas instrumentales, vocales, y de arte lírico. Una banda con respeto a su oficio, y un poderoso sentido de la resistencia.

Read the Original Here

Filled with energy, wit, charm, and enthusiasm, this group from Baltimore delivers a magical blend of rock, psychedelic soul, and post-punk passion to enliven a whole record. Released under the label Tiger Style, the Convocation Of… provides a variation of textures, tones, flavors, and musical colors with striking guitars, raving rhythms, beautifully melodic keyboards, and compelling vocals. Pyramid Technology is the kind of record that requires repeated listening for further satisfaction of the listener’s ears and tastes. In the midst of each soulful listen, one will not be left without fresh new instrumental and vocal surprises and lyrical artistry. A band with reverence to their craft and a powerful sense of endurance, the Convocation Of… have made it this far in their veteran careers to produce a memorable piece of music. Look for greater things to come for a group of such exuberance and innovative fervor.

o en AllMusic

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En 1944 el crítico de arte Clement Greenberg escribía:

“Sin embargo, me parece – y la conclusión es obligada por observación, no por preferencia – que el arte pictórico más ambicioso y eficaz de estos tiempos es abstracto o va en esa dirección “.

En el IDM (Intelligent Dance Music) esto también parece ser verdad. Si bien no podemos descartar sólidos esfuerzos de varios artistas que siguen del lado melódico y más pop del género, el trabajo más ambicioso va en ese camino. “Plus Forty Seven Degrees 56′ 37″ Minus Sixteen Degrees 51′ 08”, es de los álbumes más abstractos y de difícil fonética del año 2000. Lavas de sonido digital envuelven al oyente en cada pista, donde Fennesz parecía hacer caso omiso a su guitarra en favor de la capacidad generadora de sonido de su laptop. En algunas pistas, pudo haber sido utilizada alguna, pero uno nunca podrá estar seguro, ya que cada parte fué cortada y manipulada hasta desconocer de su pasado. Mientras que el disco era muy difícil de pasar, era en última instancia, fascinante y esclarecedor.

En este álbum editado por el sello experimental Mego, el arte de tapa es la primera pista a los sutiles cambios en el sonido de Fennesz. Un homenaje evidente a los Beach Boys, desde el título a la portada. Cuando nos enfrentamos al disco, el oyente se golpea por primera vez con su forma melódica. Por supuesto, melódico en el sentido de un compositor Vienés de vanguardia que distorsiona digitalmente cada pequeña pieza de información incluída en sus composiciones. Una vez que el tema melódico ha sido concretado durante sus canciones, el oyente sólo puede concentrarse en el dominio digital que Fennesz ha creado.

En la pista que intitula el álbum, la línea de guitarra se ejecuta a lo largo de los ocho minutos de duración, por debajo de un brilloso sonido procesado y otra línea de sintetizador melódico que surge de las oscuras profundidades de los ruidos circundantes a fines de cristalizar la canción en los segundos finales. Del mismo modo, en “Caecilia”, notas de marimba flotan dentro y fuera de la distorsión borrosa de una manera que contrasta con cierto anhelo, seguido por una estructura de acordes simples de guitarra que refuerzan el sentimiento evocado en la sección de las campanas. Aunque todas las canciones son dignas de mención, “Before I Leave” se encuentra junto a los dos anteriores como lo más destacado del álbum. “Before I Leave”, utiliza una simple repetición de efectos a fines de hipnotizar los cuatro minutos de duración, pero en repetidas escuchas tiene una complejidad sorprendente. Una melodía aparece debajo de la superficie – casi imperceptible al oyente y en contrapunto a la simple melodía que utiliza.

La única queja que puedes encontrar en este disco es el orden de las pistas. Si tuviera la oportunidad me gustaría cambiarla un poco para un mejor flujo de una vía a otra. En general, el álbum parece romper las canciones que usa con las mismas técnicas de manipulación digital para que se oiga mejor unas contra otras.

La cualidad abstracta del disco será el último desvío a la mayoría de los oyentes. Debido a su reputación de ruidoso artista experimental, Fennesz, no tendrá la base de fans que es alcanzable por la mayoría de los actos electrónicos e incluso la mayoría de los actos de IDM. Es lamentable porque Fennesz, una vez más, elabora un disco de una belleza resplandeciente que exige ser escuchado con toda su concentración. Una demanda que sólo el arte más importante puede hacer. Una demanda que sólo el arte más efectivo y ambicios puede hacer. Una petición que Fennesz crea con este trabajo. ”

Uno de los mejores, sino el mejor trabajo ambiental nunca antes hecho. Enciendelo, sintoniza, abandonas? Sí, por favor.

Read the Original Here

“In 1944 art critic Clement Greenberg wrote, “Yet it seems to me – and the conclusion is forced by observation not by preference – that the most ambitious and effective pictorial art of these times is abstract or goes in that direction.” In the IDM genre of music, this also seems to be the truth. While you can’t discount solid efforts from various artists that follow the melodic, poppier side of IDM, the truly most ambitious and effective work that is being produced is more abstract. On Fennesz’s Plus Forty Seven Degrees 56′ 37″ Minus Sixteen Degrees 51′ 08,” Christian Fennesz, a guitarist based out of Vienna, released one of the most abstract and aurally challenging albums of the year 2000 on January 4th of that year. Digital washes of sound enveloped the listener on each track, as Fennesz seemed to disregard his guitar in favor of his laptop and its sound generative abilities. On some tracks it seemed as though the guitar might have been used, but one could never be sure, as each part was cut up and manipulated past recognition. While the CD was extremely challenging to get through, as most noise and abstract releases admittedly are, it was ultimately fascinating and illuminating.

On this CD, released by the experimental Mego label, the cover art is the first clue to the subtle changes in Fennesz’s sound. An obvious homage to the Beach Boys already in the title of the record, the cover art features beaches and rolling waves onto the shoreline of an unidentified coast. When confronted with this CD, the listener is first struck with how melodic it is. Of course, this is melodic in the sense that a Viennese avant garde composer who digitally distorts every tiny piece of information that is included in his compositions can be melodic. The melodic sense is indebted largely to a post rock sensibility of repeating phrases with little to no alteration whatsoever during the length of the song once the main theme has been presented. Once the melodic theme has been fleshed out during the song, the listener can only concentrate on the digital mastery that Fennesz has created. Only at key points do melodic phrases appear to the listener unscathed by digital processed bed of sound.

On “Endless Summer,” the title track of the album, the guitar line that runs throughout the length of the eight-minute song underneath a sheen of processed sound and another melodic synth line emerges from out of the murky depths of the surrounding noises at the end to crystallize the song in the dying seconds. Similarly, on “Caecilia” marimba notes float in and out of the hazy distortion in a manner that belies a certain yearning which is followed up by a simple guitar chord structure that reinforces the feeling evoked in the bell section. While all songs are worthy of mention, “Before I Leave” stands with the previous two as the highlights of the album. “Before I Leave” uses a simple repeating effect to hypnotic ends for its four-minute duration, but upon repeated listens has a startling complexity to its repetition. A melody appears underneath the surface – almost imperceptible, almost making the listener believe that they aren’t hearing it and making it up in counterpoint to the simple melody line that is used.

The only complaint that can be found with this album is the track order. If given the chance I would change it a small bit, to reflect a better flow from one track to the next. Overall the album seems to break up the songs that use the same techniques of digital manipulation which would be better heard against one another.

The abstract quality of this release is going to be the ultimate turn off to most listeners. Because of his reputation as a noise and experimental artist, Fennesz will not have the fan base that is attainable by most electronic acts and even most IDM acts. This is unfortunate because Fennesz has, once again, crafted an album of shimmering beauty that demands to be listened to with your full concentration. This is a demand that only important art can make. This is a demand that only the most ambitious and effective art can make. This is a demand that Fennesz creates in this work.”

One of the best, if not the very best ambient works ever. Turn on, tune in, drop out? Yes, please.

o en Zoltar

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“A pesar de que dejé Betroka muy joven, la música de Madagascar está incrustada en mi corazón, está en mi sangre y me mantiene fresco y feliz.”.

¿Cómo llegué a la música?

Me crié en Betroka, una ciudad del centro-sur de Madagascar.

La música que hago es única a la región, donde es influenciada por sonidos tradicionales y algunos ritmos de danzas suaves del sur de áfrica. Aunque mi madre canta y mí tío tocaba el acordeón, no empecé a tocar hasta los 15 años de edad. Un vecino había tocado la guitarra y me gustó tanto el sonido que se la pedí prestada y me enseñó. Luego se mudó con su guitarra, así que construí la mía en el taller de la universidad técnica local donde mi padre era maestro. Tuve que usar líneas de pesca para las cuerdas, lo que significaba que tenía que manteneme muy cerca para escuchar el sonido, pero perseveré a pesar de que probablemente estubiese totalmente fuera de tono.

Por ese tiempo me interesé por otros sonidos musicales, especialmente los de la Mervan, instrumento tradicional de Madagascar, una especie de caja con 24 cuerdas como el Kora, de África Occidental. También me sumergí en los sonidos de la selva, los pájaros, silbidos de los pastores en las montañas … cualquier sonido que llamara mi atención, yo trataba de imitarlo a mi guitarra casera.

Mi hermano, Zariny Albert, también estaba en la música en ese momento y tocamos juntos en fiestas locales. Incluso tuvo un gran éxito con su grupo. Durante esa época, debido en parte al estímulo de mi padre, me fui a Bulgaria donde tenía beca de la Unesco para hacer un posgrado en ingeniería electrónica. A pesar de que estaba ocupado con mis estudios siempre hice lugar a la música. Conocí a mi esposa griega por lo que nos trasladamos a Grecia. Trabajé como ingeniero, pero cuando nos mudamos a Londres en 1996 había decidido que quería dedicarme a la música porque es mi primer amor.

Read the Original Here

“Though I left Betroka as a young man, Malagasy music is embedded in my heart – it’s in my blood. It keeps me cool and happy.”

How I came to this music

I grew up in Betroka, a town in the central southern part of Madagascar. My full name is Modeste Hugues Randramahitasoa but I stick to Hugues because it’s shorter.

The music I play is unique to the Betroka region of Madagascar where it’s influenced by all the traditional sounds of the area together with some softer South African dance rhythms. Though my mother sings and an uncle of mine played the accordion, I didn’t start to play until I was about 15 years old. A neighbour played the guitar and I loved the sounds so much that I borrowed his and taught myself. Then he moved away with his guitar so I built my own at the workshop in the local technical college where my father was a teacher. I had to use fishing line for string so it meant I had to hold it very close to hear the sound but I persevered even though it was probably totally out of tune.

Around that time I got interested in other musical sounds especially those of the mervan, the traditional Malagasy instrument which is a box shape with 24 strings which you play like the West African kora. I also soaked in the sounds of the bush, the birds, whistling of the shepherds in the hills … any sound that appealed to my senses, I tried to imitate on my home-made guitar.

My brother, Zariny Albert, was also into music at the time and we played together at local celebrations. He even had a hit with the group, Zafison Karimbary but Zariny has passed on now. During that time, partly due to my father’s encouragement, I took a degree in engineering and when I was 26, I left for Bulgaria where I got a U.N.E.S.C.O. scholarship to do a post-graduate in electronic engineering. Though I was busy with my studies, I always made time for music and would lead all the student celebrations. Then I met my wife whose Greek so we moved to Greece. I worked as an engineer but by the time we moved to London in 1996 I had decided that I wanted to pursue music because it is my first love. It’s a pity my father is now dead. Though he was happy I completed my studies, I’m disappointed that he can’t experience my music as it evolves now.

from BBC.co.uk

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Instrumental, intelectual(?), centrado e intenso, Rumah Sakit me fue sugerido por mi amigo baterista Dustin hace aproximadamente un año.

**Another coincidence, en mi caso recomendado por Bryan (batería de Karnatra), aunque en realidad la banda en cuestión no era “Rumah Sakit” -comparte sello con Explosions In The Sky, entre otros-, sino “Rumahsakit” sin espacios, banda anterior a la de San Francisco que toma su nombre de la palabra en Indonesio para “Hospital”, Otra “coincidencia” podría ser que el primer larga duración de los americanos se intitula “Rumah Sakit”, mientras que los Indonesios titularon su debut “Rumah Sakit”. Pero volvamos a la crítica de Hodges.**

Luego flotando en mi lista de deseos, finalmente lo encontré en mi buzón de correo, mi reproductor, y posteriormente mi lista de álbumes para una isla desierta.

He encontrado en Rumah Sakit una obra maravillosamente liberadora y estimulante. Tengo una larga historia de disfrutar rock experimental, pero en los últimos tiempos he estado frustrantemente fascinado con la conciliación de los aspectos compositivos entre la música moderna y el experimentalismo, aunque con una actitud a veces rayana en el elitismo. Me ha recordado en términos muy claros que no es necesario escribir la versión siglo 21 de “My Life” de Lennon, para componer música efectiva y afectiva. Las seis piezas instrumentales de este comunicado auto-titulado demuestran un asombroso dominio de la dinámica, textura, la forma y el ritmo. Desde el primer explosivo 5/8 riff de “I Can’t See Anything When I Close My Eyes”, Rumah Sakit carena en un viaje de polyrhythmic driven-riffs que al mismo tiempo electriza y alivia.

A pesar de su agresividad, que no necesariamente identifica a Rumah Sakit como “heavy” para los estándares actuales. Su música se ejecuta con intensidad desde una correcta mezcla de noise y delicadeza, con muy pocos trucos de estudio. Hay sonidos audibles de la lucha que estos chicos están teniendo con la música monstruosamente compleja que han formado, y hasta incluso hay algunos errores de ejecución que fácilmente podrían haber sido eliminados, pero que han quedado sólo para demostrar la humanidad de la banda.

En la remota posibilidad de algún día te preguntes “¿Qué pasaría si King Crimson se desenchufara de todos sus procesadores y una máquina del tiempo en frecuencia veintialgoPO-ed, la respuesta vendría en dos palabras: Rumah Sakit . Les ruego que le comprueben.

Read the Original Here

All-instrumental, intellectual, focused, and intense, Rumah Sakit was suggested to me by a drumming friend (thanks, Dustin) about a year ago. After floating around on my wish list, it finally found its way into my mailbox, my CD player, and subsequently my list of deserted island albums.

I have found Rumah Sakit to be a wonderfully liberating and inspiring work. I have a long history of enjoying experimental rock, but in recent times I have been frustratingly fascinated with reconciling the songwriting aspect of modern music with experimentalism, admittedly with an attitude sometimes bordering on elitism. Rumah Sakit has reminded me in no uncertain terms that it is not necessary to write the 21st century version of Lennon’s “My Life” to compose effective and affective music. All six of the instrumental pieces on this self-titled release show uncanny mastery of dynamics, texture, form, and rhythm. From the first explosive 5/8 riff of “I Can’t See Anything When I Close My Eyes”, Rumah Sakit careens into a riff-driven polyrhythmic joyride that is simultaneously electrifying and soothing, comic and serious, rocking and sublime.

Despite their aggressiveness, I would not necessarily identify Rumah Sakit as “heavy” by today’s standards. Their music is executed with a blistering intensity with just the right mixture of noise and delicacy, with very few studio tricks. There are audible sounds of the struggle that these guys are having with the monstrously complex music they have composed here. There are even a few dampened string rings could have easily been punched out, but that are left in just to prove the band’s humanity.

The lowdown: On the off chance that you were to one day ask yourself “What would happen if King Crimson unplugged all that processing and were “time machined” into slightly PO-ed twentysomethings”, the answer would come in two words: Rumah Sakit. I beg you to check them out

writen by Jeff Hodges

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*próxima entrada, Rumahsakit)

Collector’s Edition 2cds

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