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tillögur að löglega afla

Category Archives: 1999


Era una posibilidad y terminó siendo la realidad: En su último disco, Pavement solo profundizó lo ya expuesto en el anterior “Brighten The Corners” (1997). La producción de Nigel Godrich (Radiohead, Beck), junto con la ausencia total de canciones escritas por Scott Kannberg, los hace sonar más compactos q nunca. Hay canciones que habian sido presentadas en la gira anterior como “The Hexx”, q aparece aqui transformada en una epica surrealista, despojada del sabor metalico de su primera version. Los temas notables siguen ahi, como la inicial “Spit On A Stranger”, “Cream Of Gold” o “Major Leagues” (una cancion preciosa sobre el hecho de hacerse mayor), pero el exceso de mimo en la produccion hace q suenen un poco menos a ellos mismos.

Las relaciones entre los integrantes ya estaban tensionadas, y esta vez si cumplieron su amenaza de separarse tras la gira promocional…aunque esa costumbre de tomarse tan poco en serio a si mismos termino jugandoles en contra: a un sector de la critica y a algunos musicos (como Ira Kaplan, de Yo La Tengo) quienes los consideraban una banda de amigos mas q otra cosa, les dio simplemente lo mismo. Tras la disolucion, Stephen Malkmus comenzaria una carrera solista -recordemos que visito Chile tras editar su primer album- y Scott “Spiral Stairs” haria lo propio formando Preston School Of Industry, con quienes edito un par de albumes y un puñado de singles. Ahora la banda se ha vuelto a reunir para una gira, pero de disco nuevo, hasta el momento ni hablar. Nos quedan sus discos, q agitaron los 90s y revitalizaron el panorama musical de la epoca.
A pesar del final agridulce, como dicen en las peliculas, “fue bonito mientras duro”. Música de Acuarelas
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El más extraño enigma solitario en la música popular es un tipo de Texas llamado Jandek. Su álbum The Beginning acaba de ser lanzado en la etiqueta Corwood Industries , que ha puesto la marca en 28 de sus discos, y que de hecho no conoce a nadie más que a él. Ha sido acompañado por una reedición de su primer álbum, “Ready for the House”, originalmente de 1978 y acreditado a “the Units.” (es el único músico del proyecto, y todos los álbumes posteriores son acreditados como Jandek)

Jandek nunca se ha presentado en público (N.: review de 1999). Nunca ha concedido entrevistas, aunque un periodista de Texas Monthly lo localizó hace unos meses (conversaron acerca de alergias y jardinería, y amablemente le dijo que no quiere hablar sobre Jandek nunca más). Todos sus álbumes tienen una fotografía borrosa en la portada, de un hombre, partes de una casa o algunas cortinas. La parte trasera tiene su nombre, el título del álbum, títulos de pistas y tiempos, y la dirección de Corwood, siempre con la misma fuente tipográfica indescriptible – excepto en One Foot in the North (1991), donde utiliza una especie de fuente de restaurant chino. Eso es todo: es todo lo que sabemos.

¿Y cómo suena su música? Como pura desolación. Jandek no solamente es solista, sino profundamente solitario en la mayoría de sus grabaciones, recogiendo distraídamente en alguna guitarra afinada notas asarozas, gimiendo sobre nada particular, pensamientos, amor, dar vueltas por ahí, permanecer en el mismo lugar, sobre Dios…. Más allá de eso, sólo hay vacío. A veces suena como si estuviera internado en el más sombrío death-letter blues de los años 20, totalmente desmembrado, pelo por pelo. Sus canciones no tienen coros, ganchos, ni melodías, o ritmos, no tiene progresiones, pero como una inexorable tortura de la gota china, o como Samuel Beckett dice en The Unnamable:

Perhaps it’s done already, perhaps they have said me already, perhaps they have carried me to the threshold of my story, before the door that opens on my story, that would surprise me, if it opens, it will be I, it will be the silence, where I am, I don’t know, I’ll never know, in the silence you don’t know, you must go on, I can’t go on, I’ll go on.

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Algunas personas que escuchan Jandek creen que es una especie de montaje – pero es difícil imaginar que una broma tan escrupulosa se mantenga durante más de 20 años. A la mayoría de la gente simplemente le resulta insoportable: ciertamente monótona, profundamente carente de belleza, en su mayor parte non-catártico y sin estructura en absoluto. Luego están las personas que casi no pueden soportar escuchar otra cosa durante días o semanas, obsesionadas con su misterio. (Me encuentro a veces en la segunda categoría, y otras en la tercera). Seth Tisue ha creado un sitio que cuenta con una extensa discografía comentada siguiendo los matices en la carrera de Jandek, describiendo canciones e imágenes de cada álbum. Sobre “White Box Requiem”, señala, es “catatonicamente inanimado y confuso… No es como Blue Corpse, que es un disco sobre la devastación emocional con algún tipo de perspectiva sobre ella, pero no necesariamente desde su interior. También es diferente de “Twelfth Apostle and Graven Image”. Sobre una de sus cubiertas, dice,

“Esta es una de esas imágenes por las que el laboratorio fotográfico te da un reembolso.”



Y aunque su trabajo es esencialmente de una pieza – los divagues desesperados de“They Told Me About You” (Ready For The House) y “I Never Left You Anyway,” (The Beginning) lanzado 21 años antes, pueden haber venido del mismo impulso creativo del atardecer, cada álbum tiene identidad propia, y su pequeña crisis de epifanía.

La pista del título de The Beginning es una improvisación de 15 minutos en piano, un instrumento que Jandek nunca había ensayado antes, aunque fuera de tono como puedes imaginar. Y de muchas maneras, “Ready For The House” es la clave para el resto de su obra: ha usado las líneas de su letra como títulos de álbumes posteriores (Staring at the Cellophane, Chair Beside a Window, Somebody in the Snow).

En comparación con la música pop “real”, las canciones de Jandek son terriblemente feas; en el contexto de décadas de persistencia, el alcance y la masa de su trabajo, se vuelve intensamente hermoso y significativo. De un absolutismo auto-expresivo puro, con desenfocadas y obscuras intantáneas de su vida adulta. Como le dijo al reportero de Texas Monthly, que le preguntó si quería que la gente “obtenga” algo de lo que estaba haciendo,

“obtener? no hay nada que obtener.”



Read the original Review Here

The longest-running, weirdest, loneliest enigma in popular music is a guy from Texas who calls himself Jandek. His album The Beginning has just been released on the Corwood Industries label (Box 15375, Houston, Texas 77220), which has put out all 28 of his albums and nothing else that anyone knows of. It’s been accompanied by a reissue of his very first album, Ready for the House, which originally came out in 1978 and was credited to the Units. (He’s the only musician on it; all subsequent albums, and the reissue, are billed as Jandek.)

Jandek has never performed in public. He has never willingly given an interview, though a reporter from Texas Monthly tracked him down a few months ago (they chatted about allergies and gardening, and he politely told her that he never wanted to be contacted in person about Jandek by anybody again). All his albums have a fuzzy photograph on the front cover, of a man or part of a house or some curtains. The back covers have his name, the album title, the track titles and times, and Corwood’s address, all typeset in the same nondescript font — except for 1991’s One Foot in the North, which uses a sort of Chinese-restaurant font. That’s it: that’s all anyone knows.

And what does his music sound like? Like pure desolation. Jandek is not just solo but profoundly alone on most of his recordings, picking distractedly at a guitar tuned to no particular notes, moaning in no particular key about thinking and love and wandering around and staying in the same place and God. Beyond that, there’s just emptiness — each off-key ping floats out separately into black space. Sometimes Jandek sounds as if he’d internalized the grimmest death-letter blues of the ’20s and is pulling them back out of himself, thoroughly dismembered, hair by hair. His songs have no choruses, no hooks, no melodies, no rhythms, no internal progression, nothing but the inexorable Chinese-water-torture plod of Samuel Beckett’s The Unnameable: “I can’t go on, I’ll go on.”

Some people who hear Jandek think it’s some kind of put-on — but it’s hard to imagine a joke’s being maintained so scrupulously for more than 20 years of recording and releasing and the same post-office box. Most people simply find it unbearable: it’s certainly monotonous and deeply unpretty and (for the most part) uncathartic and all but completely structureless. And then there are the people who can hardly stand to listen to anything else for days or weeks on end, who obsess over the mystery of Jandek. (I find myself sometimes in the second category and sometimes in the third.) Seth Tisue has set up http://www.cs.nwu.edu/~tisue/jandek/, which features an extensively annotated discography that tracks the nuances of Jandek’s career, describing each album’s themes and cover images. White Box Requiem, he notes, is “almost catatonically mopey and meandering . . . it’s not like Blue Corpse, which is a record about emotional devastation with some perspective on it, not from totally inside it. Also different from the weird detachment and diffidence of Twelfth Apostle and Graven Image.” Of one cover, he says, “This is one of those pictures that the photo lab gives you a refund on.”

The rewards of obsession with Jandek are discovering the variations in his oeuvre’s gray expanses that become, by comparison, as spectacular as cherry blossoms. On a few albums, a woman who might be named Nancy sings a bit (song title: “Nancy Sings”); occasionally, people wander in and play drums or another guitar, instruments that they don’t seem to have encountered before. Sometimes Jandek plays mostly electric rather than acoustic guitar; 1992’s Lost Cause includes a couple of pieces that are almost conventionally songlike, plus a 20-minute screeching blowout called “The Electric End.”

And even though his work is essentially of a piece — the despairing one-note-at-a-time meanderings of Ready for the House’s “They Told Me About You” and The Beginning’s “I Never Left You Anyway,” released 21 years apart, might have come from the same afternoon’s impulse — each album has a distinct identity, and its own little shocks of revelation. The title track of The Beginning is a 15-minute improvisation on piano, an instrument Jandek’s never essayed before, though it’s as far out of tune as you’d imagine. And in many ways, Ready is the key to the rest of Jandek’s work: he’s used lines from its lyrics as later album titles (Staring at the Cellophane, Chair Beside a Window, Somebody in the Snow), re-recorded its “European Jewel” multiple times, and made the template for his career out of its bold, willful disposal of everything about songs but their need to exist and to be heard. Compared to “real” pop music, Jandek’s songs are terrifyingly ugly; in the context of his decades of persistence, the range and mass of his work, they become intensely beautiful and meaningful. They are absolute, pure self-expression, an unfocused, unlit snapshot of his entire adult life. As he told the Texas Monthly reporter who asked him whether he wanted people to “get” what he was doing, “There’s nothing to get.”

o en Providence Phoenix writen by Douglas Wolk

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El documental de Jeroen Berkvens “A Skin Too Few” toma su título de un comentario de Gabrielle Drake sobre su hermano Nick (que tenía muy poca piel para soportar los magullones de la vida), tratando de describir por qué le resultaba tan difícil hacerle frente al mundo. Esta película es todo lo que otros documentales de Nick Drake no – un documento de conexión emocional en bruto sobre la terrible angustia de un joven hombre para adaptarse a las presiones del crecimiento, siendo extraordinariamente talentoso y excesivamente sensible al mismo tiempo. La película muestra los testimonios de familiares y amigos cercanos y asociados, ilustrando lentamente el rechazo del mundo dentro de su mente, donde se escondían los demonios de la depresión y finalmente vencieran.

A diferencia de “Nick Drake Under Review “ esta película no se basa en las evaluaciones de otros músicos o periodistas / biógrafos. De hecho, el único músico que escuchamos es Paul Weller, a quien vemos en la escena inicial en un estudio de grabación junto a John Wood y Robert Kirby, dos de los colaboradores más cercanos de Drake. Weller nunca supo de Drake, ni tiene mucho que decir sobre él, así que me pregunto por qué tiene que aparecer en todos…no importa …

Por el contrario, debemos estar muy agradecidos por lo que obtenemos de esta película: un retrato conmovedor de un hombre y un artista muy arraigado a su ambiente de amor, de apoyo, tanto en términos de familia y amigos, y compañeros de profesión en el mundo de la música. Nosotros seguimos la vida de Drake cronológicamente, prácticamente desde la cuna hasta la tumba, y el narrador principal de esta historia es su hermana mayor Gabrielle, complementada por las voces grabadas de sus padres Rodney y Molly.

Es muy interesante conseguir la historia de sus tiempos en Birmania y escuchar a Gabrielle hablar del nacimiento de Nick y la vida fácil de la familia en una colonia de buen pasar en los tardíos ’40s, ilustrando la felicidad de la familia con películas caseras. Su evaluación de Molly como un alma atormentada, impulsada por el amor de su marido, que le hacía la vida vivible sin cortar su creatividad es muy conmovedor. Las imágenes a continuación, nos llevan a Tanworth-in-Arden y mágicamente al interior de la casa de su infancia ‘Far Leys’ donde seguimos la cámara en la habitación de Nick, vemos a través de su maravillosa ventana redonda, mientras la banda sonora juega una grabación casera de “Hazey Jane I “(en una versión algo más rockera que la de Bryter Layter), a continuación, la cámara panorámica con la vista de un árbol frutal desde la ventana. Las imágenes por lo que ya prefiguran el tema de la casa, la nostalgia, el escape, el fracaso, el retorno, y la tristeza que estructura toda la narración del film.

Gabrielle juega luego una de las canciones de Molly, una vez más haciendo hincapié en la muy fuerte relación entre ella y su hijo, tanto en términos de similitudes de genio y talento, como en términos de su amor maternal. Sobre el sonido de la canción de Molly escuchamos el sonido del tren, señalizando la partida de Nick a Cambridge, que es el próximo período que se narra en la película. El uso del tren en la imagen y el sonido es otra característica unificadora de la película, recurrente a lo largo del mismo…

Brian Wells, un amigo de Cambridge, narra la siguiente parte, una historia de fumar drogas, y tocar la guitarra – en efecto, un día de fiesta de 3 años para estos jóvenes. Por el contrario, Gabrielle lee una carta de Nick a sus padres en Cambridge más a gusto que antes, donde afirma haber “echado fuera uno o dos complejos más inútiles y restrictivos que había recogido antes de venir aquí”. Uno por supuesto se pregunta dónde y cuándo?…”River Man” suena en tomas de las calles de Cambridge – personas que van y vienen como también las letras detallan. Rodney en la cinta habla de la nostalgia de Nick, y de su deseo de que tenga un título, mientras que Nick insistía en que eso era lo que menos necesitaba …

La escena se traslada a Londres como recuerda Gabrielle un día de Nick, tirando copias de Five Leaves Left sobre la cama – para su asombro, ya que no sabía que estaba grabando un LP. Esta parte continúa con testimonios musicales del productor Joe Boyd hablando acerca de las habilidades de Nick y la fiabilidad como performer, Robert Kirby habla de sus arreglos que complementan la línea de guitarra a la perfección, y John Wood (ingeniero de sonido), ilustra sobre la mezcla reproduciendo las pistas en bruto de “Chime of a City Clock”. A medida que la canción suena, las imágenes ilustran con imágenes de una lluviosa noche de las calles de Londres, sequenciando la bién conocida pared con Drake inmóvil mirando otros peatones con prisa.

A continuación, Boyd habla sobre la frustración de Nick en la gira por el público indiferente u hostíl. Wells cuenta una anécdota acerca del aislamiento y la depresión. Recuerda a Drake volviendo a casa en Tanworth, sintiendo vergüenza por haber fallado a desenvolverse y vivir en Londres. Fué hospitalizado y diagnosticado con depresión clínica, mientras que Wells veía la condición de Nick más como una crisis existencial provocada por la frialdad y la futilidad de la vida como tal.

A continuación escuchará una grabación de Molly, citando a Nick: “No me gusta estar en casa, pero no puedo soportar estar en otro lugar …” Molly llega a la conclusión de que Nick había entregado el mundo, y recuerda su total incapacidad para ayudarle a superar su sensación de fracaso en todo lo que había intentado hacer. Gabrielle lo explica así: “Él vió más, y se volvió más silencioso cuanto más vió” “Eso se expresa en sus canciones y casi en ningún otro lugar …” Esta secuencia de la película es muy oscura, también en términos de imágenes nocturnas, tormentas, incluso con Gabrielle vestida de negro – todo muy eficaz emocionalmente, cuando se entiende la tragedia de su familia que no estaba preparada para ayudar a Drake en absoluto. El amor no sería suficiente.

Boyd hablaba con Drake tratando que busque ayuda pscicológica, pero Nick se avergonzaba de la idea. Más tarde Boyd detalla un arrebato contra su falta de éxito, haciendo una analogía con la letra de la canción “Hanging on a Star” (¿Por qué me dejas colgando de una estrella cuando me consideras tan alto?) y su falta de dinero: “todos me dicen que soy un genio pero, porqué no tengo dinero?”

Keith Morris, el fotógrafo de los álbumes de Drake, recuerda las sesiones de Pink Moon, en especial de Nick en casi total silencio, que contrasta dramáticamente con ocasiones anteriores en las que habían trabajado juntos. Las imágenes tomadas durante ese período de sesiones se muestran sin acompañamiento musical. La película se desplaza a Gabrielle recitando un poema de Molly Drake, “The Shell”, que describe cómo ambos (Molly y su hijo) tenían problemas de percepción del mundo.

Más escenas del bosque y del pueblo – que acreditan la misma belleza estilizada donde finalmente canta “Hanging on a Star”. La cámara nos lleva de nuevo a su habitación, y un montaje de voces de sus padres narrando la última noche de vida de Nick Drake (vemos nuevamente a través de la ventana de Nick donde se congela durante la narración). Molly se acuerda de la última mañana y noche a su lado – la agonía de no haber sabido lo peligroso de las pastillas de Triptozol, lo inevitable de encontrarlo muerto esa mañana. Gabrielle recuerda que estaba en una obra de teatro en Bristol, y cómo sus padres fueron en coche a decirle de la muerte de Nick. A medida que nos dice esto, vemos la escena de la habitación de nuevo, y Berkvens utiliza la salida del motivo de la ventana, capturando el “noches de verano sin fin” (de “From The Morning” de Pink Moon), escapando de su caparazón para siempre.

La teoría de Gabrielle de la muerte de Nick es que fué un acto espontáneo y podemos ver el interior de la iglesia de Tanworth. Gabrielle reflexiona sobre las bendiciones de haber tenido una familia y la tragedia de haberla perdido. Kirby relata su sentimiento de ser sorprendido por la noticia, mientras que Wood se sintió terriblemente triste, pero no sorprendido.

La escena final comienza con la voz de Nick en la cinta, “me temo que en esta parte mi voz comenzó a fallar.. solo cantaré una canción más.” Más imágenes de Tanworth, se escucha “Northern Sky”, y de repente la música baja y puedes escuchar la voz desnuda de Nick, cuando se ve su lápida. La secuencia termina con un disparo increíblemente hermoso de la iglesia desde la distancia.

Gabrielle cierra la película hablando de la fama reciente de Nick, y la calidad asistencial de su música para tantas generaciones de jóvenes más tarde, “sí solo lo hubiese sabido …”

Read the original Review Here

Jeroen Berkvens’ 1999 documentary A Skin Too Few takes its title from a remark Gabrielle Drake has often made about her brother Nick, trying to describe why he found it so hard to cope with the world. This film is everything other Nick Drake documentaries are not – a raw heart-tugging document of a young man’s terrible trouble adjusting to the pressures of growing up, being uncommonly talented and unreasonably sensitive at the same time. The film shows testimony from family and close friends and associates, illustrating Drake’s slow turn away from the world into his own mind where demons of depression lurked and eventually overpowered him.

Unlike Nick Drake Under Review this film does not rely so much on assessments from other musicians or journalists/biographers. In fact the only other musician we hear from is Paul Weller whom we see in the opening scene in a recording studio w. John Wood and Robert Kirby, two of Drake’s very close collaborators. Weller never knew Drake, nor does he have much to say about him, so I wonder why he has to appear at all, but never mind…

Rather, we should be very grateful for what we get from this film instead: a very moving portrait of a man and an artist who was very deeply rooted in a loving, supportive environment, both in terms of family and friends and his fellow professionals in the music world. We follow Drake’s life chronologically, virtually from cradle to grave, and the main narrator of this story is his older sister Gabrielle, supplemented by the taped voices of both Rodney and Molly, their parents, telling us of events that Gabrielle did not herself witness.

It is quite interesting to get the whole story of the Drakes’ time in Burma and to hear Gabrielle speak of Nick’s birth and the easy life of a colonial well-to-do family in the late 1940s – illustrated by home movies of a happy family. Her assessment of Molly as a troubled soul, buoyed up by the love of her husband who made life livable for Molly without strangling her creativity is very poignant. The footage then takes us to Tanworth-in-Arden and inside the magically named childhood home of Nick, Far Leys, where we follow the camera into Nick’s room, see his wonderful round window, while the soundtrack plays a home recording of “Hazey Jane I” (in a much more rocking version than the Bryter Layter version – a very cool performance by Nick), the camera then panning to a view of a fruit tree out of the window. The images thus already prefigure the theme of home, longing, escape, failure, return, sadness which structures the whole narrative of the film.

Gabrielle then plays one of Molly’s songs, again emphasizing the very strong relation between Molly and her son, both in terms of the similarities of their temper and talent, and in terms of her maternal love. Over the sound of Molly’s song we hear the train clickety-clacking, signalling Nick’s departure to Cambridge which is the next period to be narrated by the film. The use of the train in image and sound is another unifying feature of the film, recurring throughout…

Brian Wells, a Cambridge friend of Nick Drake’s, narrates the next portion, a story of dope smoking, guitar playing – in effect a 3 year holiday for the young men. In contrast, Gabrielle reads from a letter from Nick to his parents on liking Cambridge more than before, claiming to have “thrown off one or two rather useless and restrictive complexes that I’d picked up before coming here”. One of course wonders where and when…? Gabrielle’s stock of letters from Nick would certainly be superlative material for a sincere biographer to have access to. “River Man” is played over footage of Cambridge streets – people coming and going as the lyrics also detail. On tape Rodney speaks of Nick’s Cambridge nostalgia, and of his desire that Nick should have a degree as a safety net, whereas Nick insisted that that was the one thing he would rather not have…

The scene shifts to London as Gabrielle remembers Nick one day coming home to their flat, tossing copies of Five Leaves Left on the bed – to her amazement, since she never realized that he was recording a whole LP. This portion continues with musical testimonials from producer Joe Boyd talking about Nick’s skills and reliability as a player, Robert Kirby speaking of his arrangements (‘lonely and bleak’) complementing the perfect guitar line, which John Wood, the engineer, illustrates on the mixing board (playing the raw tracks of “Chime of a City Clock”). As the song plays on the soundtrack in its fully finished version, the images illustrate the song with night footage of rainy London street, segueing into the well known stills of Drake standing motionless against a wall as other pedestrians rush by.

Next, Boyd talks about Nick quitting touring in frustration over audiences being indifferent or hostile. Wells tells an anecdote about Nick slipping into isolation and depression. One of his most upbeat songs, “When Day Is Done”, illustrates Nick’s next move “back where you’ve begun,” as the lyrics read. Wells remembers Nick returning home to Tanworth, and his being ashamed at having failed to live and cope in London. Drake was hospitalized, and diagnosed as clinically depressed, whereas Wells sees Nick’s condition more as an existential crisis, brought on by the coldness and futility of life as such.

We next hear a recording of Molly, quoting Nick: “I don’t like it at home, but I can’t bear it anywhere else…” Molly concludes that Nick had “given up on the world”, and she recalls her utter inability to help him overcome his sense of acute failure at everything he had ever tried to do. Gabrielle explains it like this: “I never did see a change – it crept up on us…” “He saw more, and he became more silent as he saw more.” “That is expressed in his songs and almost nowhere else…” This sequence of the film is very dark, also in terms of images of the night, storms, even featuring Gabrielle dressed in black – all quite effective emotionally, as one understands the tragedy of his family not being equipped to help Drake at all. Love was not enough.

Boyd talks about trying to get Drake to seek help from a psychiatrist, but Nick being ashamed of such a course of action. Later Boyd details Nick’s outburst against his lack of success, making an analogy between Nick’s anger directed towards Boyd, and the lyrics to the song “Hanging on a Star” (“Why leave me hanging on a star when you deem me so high?”) As Nick sings the desolate lyrics to “Know”: “Know that I love you, Know I don’t care, Know that I see you, Know I’m not there” we pan to the supernatural beauty of the English woodlands in misty, early morning shots, another technique Berkvens uses to great effect, showing the incongruousness between Nick’s surroundings and his self-image.

Keith Morris, photographer for the Drake albums, remembers the Pink Moon sessions, especially Nick’s almost total silence which contrasts dramatically with earlier occasions where they had worked together. The images taken during that session are shown with no musical accompaniment. The film shifts to Gabrielle reciting Molly Drake’s poem “The Shell,” describing how both Molly and her son had problems sensing the world directly without the feeling of being imprisoned in a shell – this is accompanied by images of Gabrielle placed in the woods as a stylized, tragic figure herself – obviously practising her actor’s craft here…

We are next treated to English woodland and village scenes – evincing the same stylized beauty, as Drake finally sings “Hanging on a Star”. The camera takes us again to Nick’s room, and a montage of both parents’ voices narrates the last night of Nick’s life (we see Nick’s round window increasingly freeze over during this narration). Molly remembers the final night and next morning – the agony of never having known how dangerous the Triptozol pills were, the inevitability of finding him dead that morning. Gabrielle remembers being in a comedy play in Bristol at the time, and how her parents drove down to tell her of Nick’s death. As she tells us this, we see the room scene again, and Berkvens uses the out of the window motif, as Nick sings of the “endless summer nights” (from Pink Moon’s “From the Morning”), escaping his shell for good.

Gabrielle’s theory of Nick’s death is that it was a spontaneous act – whether suicide or cry for help she could never determine… (We see the interior of the Tanworth-in-Arden church as a service ends.) Gabrielle muses on the blessings of having had such a family and the tragedy of losing them. Kirby relates his feeling of being shocked at the news of Drake’s death, whereas Wood felt terribly sad, but not surprised…

The closing scene begins with Nick’s voice on tape, apologetic that his voice is failing – but he promises to do one more song. Over images of Tanworth “Northern Sky” plays, and suddenly the music is lowered so we hear Nick’s naked voice, as we see his headstone in the church yard. The sequence ends with an impossibly beautiful shot of the church in the distance.

Gabrielle closes the film by talking of Nick’s recent fame, and the helping quality of Nick’s music for so many young people of later generations (“had he only known…”). As “Northern Sky” closes, we end with the Drake family home movies – filled by images of Nick’s happy childhood. The soundtrack ends with sounds of waves and moving trains.

I find the film very well made, especially as it allows itself to have a narrative that veers from the straight documentary aesthetics and into techniques borrowed from fiction: the use of leit motifs, colouring, sound effects etc. This enhances the film’s emotional impact greatly and it is hard to not be very moved by its otherwise familiar story. I am very impressed by Gabrielle Drake’s role in the film which she virtually carries single-handedly – both as a trustworthy narrator and as a great actress using her craft to play on our emotions. The 48 minutes spent with the Drake family are very enriching and enlightening.

o en A Rare, Rare Find…






Thurston Moore junto al veterano saxófonista británico Evan Parker y al bajista italiano e ingeniero de sonido Walter Prati. El trío produce resultados excelentes en una serie de improvisaciones que se centran en la combinación de anomalías sónicas de sus tres instrumentos. El estilo de Thurston se reconoce al instante sin importar el contexto, y en este proyecto vanguardista sus innumerables tonos se combinan en primer plano con los hipnóticos drones del saxo de Evan Parker.
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Antes de comenzar la review de otros albumes, permítanme comenzar con que éste descontinuado ahora se vende por más de 700 dólares el disco. Es probable que lo quieras como mp3 después de oír sus dos álbumes más recientes. Su música se convierte rápidamente en una droga algo extraña, como el The Eraser de Thom Yorke. Una vez que luches por dejar de tocar sus discos una y otra vez, irás hacia atrás y encontrarás Monarch. La primera que lo escuché, me sorprendió casi por la armónicamente adictiva y pegadiza “Family”, que es seguida por pistas de tonos aún más misteriosos. Monarch, cuando se escucha con cuidado, debe proporcionar lágrimas tanto como alegría. Monarch es cruda y pura, como Feist misma.

Read the original Review Here

Before I review the other albums, let me start with this discontinued one which now sells for over $700 per disc. You will probably want it as an MP3 purchase after hearing her two newer albums. Her music quickly becomes an odd little drug, like Thom Yorke’s The Eraser. Once struggling to stop playing her albums over and over, you will go back and find Monarch. When I first put it on I was nearly stunned by the harmonically addicting yet catchy “Family” which is followed by toned yet eerie tracks that should never have flown under the radar. Monarch, when listened to carefully, should provide as many tears as it does joy. There’s something just incredible about Feist braking her vocal chords only to 4-track herself a new sound amidst the recovery process. Monarch is raw and pure, like Feist herself.

writen by The Information

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Track List
1. “Tender” – 7:40
2. “Bugman” – 4:47
3. “Coffee & TV” – 5:58
4. “Swamp Song” – 4:36
5. “1992” – 5:29
6. “B.L.U.R.E.M.I.” – 2:52
7. “Battle” – 7:43
8. “Mellow Song” – 3:56
9. “Trailer Park” – 4:26
10. “Caramel” – 7:38
11. “Trimm Trubb” – 5:37
12. “No Distance Left to Run” – 3:27
13. “Optigan 1” – 2:34

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