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En 1944 el crítico de arte Clement Greenberg escribía:

“Sin embargo, me parece – y la conclusión es obligada por observación, no por preferencia – que el arte pictórico más ambicioso y eficaz de estos tiempos es abstracto o va en esa dirección “.

En el IDM (Intelligent Dance Music) esto también parece ser verdad. Si bien no podemos descartar sólidos esfuerzos de varios artistas que siguen del lado melódico y más pop del género, el trabajo más ambicioso va en ese camino. “Plus Forty Seven Degrees 56′ 37″ Minus Sixteen Degrees 51′ 08”, es de los álbumes más abstractos y de difícil fonética del año 2000. Lavas de sonido digital envuelven al oyente en cada pista, donde Fennesz parecía hacer caso omiso a su guitarra en favor de la capacidad generadora de sonido de su laptop. En algunas pistas, pudo haber sido utilizada alguna, pero uno nunca podrá estar seguro, ya que cada parte fué cortada y manipulada hasta desconocer de su pasado. Mientras que el disco era muy difícil de pasar, era en última instancia, fascinante y esclarecedor.

En este álbum editado por el sello experimental Mego, el arte de tapa es la primera pista a los sutiles cambios en el sonido de Fennesz. Un homenaje evidente a los Beach Boys, desde el título a la portada. Cuando nos enfrentamos al disco, el oyente se golpea por primera vez con su forma melódica. Por supuesto, melódico en el sentido de un compositor Vienés de vanguardia que distorsiona digitalmente cada pequeña pieza de información incluída en sus composiciones. Una vez que el tema melódico ha sido concretado durante sus canciones, el oyente sólo puede concentrarse en el dominio digital que Fennesz ha creado.

En la pista que intitula el álbum, la línea de guitarra se ejecuta a lo largo de los ocho minutos de duración, por debajo de un brilloso sonido procesado y otra línea de sintetizador melódico que surge de las oscuras profundidades de los ruidos circundantes a fines de cristalizar la canción en los segundos finales. Del mismo modo, en “Caecilia”, notas de marimba flotan dentro y fuera de la distorsión borrosa de una manera que contrasta con cierto anhelo, seguido por una estructura de acordes simples de guitarra que refuerzan el sentimiento evocado en la sección de las campanas. Aunque todas las canciones son dignas de mención, “Before I Leave” se encuentra junto a los dos anteriores como lo más destacado del álbum. “Before I Leave”, utiliza una simple repetición de efectos a fines de hipnotizar los cuatro minutos de duración, pero en repetidas escuchas tiene una complejidad sorprendente. Una melodía aparece debajo de la superficie – casi imperceptible al oyente y en contrapunto a la simple melodía que utiliza.

La única queja que puedes encontrar en este disco es el orden de las pistas. Si tuviera la oportunidad me gustaría cambiarla un poco para un mejor flujo de una vía a otra. En general, el álbum parece romper las canciones que usa con las mismas técnicas de manipulación digital para que se oiga mejor unas contra otras.

La cualidad abstracta del disco será el último desvío a la mayoría de los oyentes. Debido a su reputación de ruidoso artista experimental, Fennesz, no tendrá la base de fans que es alcanzable por la mayoría de los actos electrónicos e incluso la mayoría de los actos de IDM. Es lamentable porque Fennesz, una vez más, elabora un disco de una belleza resplandeciente que exige ser escuchado con toda su concentración. Una demanda que sólo el arte más importante puede hacer. Una demanda que sólo el arte más efectivo y ambicios puede hacer. Una petición que Fennesz crea con este trabajo. ”

Uno de los mejores, sino el mejor trabajo ambiental nunca antes hecho. Enciendelo, sintoniza, abandonas? Sí, por favor.

Read the Original Here

“In 1944 art critic Clement Greenberg wrote, “Yet it seems to me – and the conclusion is forced by observation not by preference – that the most ambitious and effective pictorial art of these times is abstract or goes in that direction.” In the IDM genre of music, this also seems to be the truth. While you can’t discount solid efforts from various artists that follow the melodic, poppier side of IDM, the truly most ambitious and effective work that is being produced is more abstract. On Fennesz’s Plus Forty Seven Degrees 56′ 37″ Minus Sixteen Degrees 51′ 08,” Christian Fennesz, a guitarist based out of Vienna, released one of the most abstract and aurally challenging albums of the year 2000 on January 4th of that year. Digital washes of sound enveloped the listener on each track, as Fennesz seemed to disregard his guitar in favor of his laptop and its sound generative abilities. On some tracks it seemed as though the guitar might have been used, but one could never be sure, as each part was cut up and manipulated past recognition. While the CD was extremely challenging to get through, as most noise and abstract releases admittedly are, it was ultimately fascinating and illuminating.

On this CD, released by the experimental Mego label, the cover art is the first clue to the subtle changes in Fennesz’s sound. An obvious homage to the Beach Boys already in the title of the record, the cover art features beaches and rolling waves onto the shoreline of an unidentified coast. When confronted with this CD, the listener is first struck with how melodic it is. Of course, this is melodic in the sense that a Viennese avant garde composer who digitally distorts every tiny piece of information that is included in his compositions can be melodic. The melodic sense is indebted largely to a post rock sensibility of repeating phrases with little to no alteration whatsoever during the length of the song once the main theme has been presented. Once the melodic theme has been fleshed out during the song, the listener can only concentrate on the digital mastery that Fennesz has created. Only at key points do melodic phrases appear to the listener unscathed by digital processed bed of sound.

On “Endless Summer,” the title track of the album, the guitar line that runs throughout the length of the eight-minute song underneath a sheen of processed sound and another melodic synth line emerges from out of the murky depths of the surrounding noises at the end to crystallize the song in the dying seconds. Similarly, on “Caecilia” marimba notes float in and out of the hazy distortion in a manner that belies a certain yearning which is followed up by a simple guitar chord structure that reinforces the feeling evoked in the bell section. While all songs are worthy of mention, “Before I Leave” stands with the previous two as the highlights of the album. “Before I Leave” uses a simple repeating effect to hypnotic ends for its four-minute duration, but upon repeated listens has a startling complexity to its repetition. A melody appears underneath the surface – almost imperceptible, almost making the listener believe that they aren’t hearing it and making it up in counterpoint to the simple melody line that is used.

The only complaint that can be found with this album is the track order. If given the chance I would change it a small bit, to reflect a better flow from one track to the next. Overall the album seems to break up the songs that use the same techniques of digital manipulation which would be better heard against one another.

The abstract quality of this release is going to be the ultimate turn off to most listeners. Because of his reputation as a noise and experimental artist, Fennesz will not have the fan base that is attainable by most electronic acts and even most IDM acts. This is unfortunate because Fennesz has, once again, crafted an album of shimmering beauty that demands to be listened to with your full concentration. This is a demand that only important art can make. This is a demand that only the most ambitious and effective art can make. This is a demand that Fennesz creates in this work.”

One of the best, if not the very best ambient works ever. Turn on, tune in, drop out? Yes, please.

o en Zoltar

buff….

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