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Cada neuvo disco de Bill Callahan, es esperado en una mezcla de impaciencia y necesidad. En realidad, toda su trayectoria nos hace estar tranquilos a cada paso. Es a mi gusto, uno de los infalibes. Escondido dentrás de un aparente aislamiento y hermetismo, su carácter se presume uraño. Algo que nos gusto mucho a todos los cascarrabias, La primera impresión evidente, es que la oscuridad de un título apocalíptico como la de este trabajo, es la de dejar aparcada completamente la etapa romántica de sus dos trabajos anteriores, sin contar el directo del año pasado, y se puede constatar una vuelta a las ropas de Smog, pero con un sonido de momento mucho más contundente amplificado por la grabación en directo en el estudio, que aporta una crudeza en lo musical apabuyante.

Al principio, se muestra intratable desde una visión western jugueteando con analogías western, en este caso encarnado en un cuidador de bueyes en “Drover” y empezando el disco con “The real people went away/ i find a better world someday”, donde el violín marca el acento rural como en “A River Ain’t Too Much Love” unido a la crudeza de “Rain On Lens” y estableciendo otras coordenadas, me recuerda a un inicio tan abrumador como “Avalanche” de Leonard Cohen de su “Songs of Love & Hate”. Uno de los inicios más impactantes dentro de su discografía desde “Bathysphere”.

La aparente calma folk del inicio de “Baby’s Breath” con aires parecidos a “The Well”, queda completamente atropellada por un crescendo y que la ensombrece y aparecen nieblas propias de Mark Lanegan. “America!”, sigue con el aliento de Lou Reed que caracterizaba buena parte de “Supper”, con el agijón envenado.

El camino toma una nueva dirección con “Universal Apllicant”,que mantiene hasta el final del disco y es en una clave más pausada y sosegada y en cierto modo, me recuerda un poco a Jim O’Rourke y sigue en su camino del apocalípsis con sus miradas a la América profunda, pero con un sonido que aunque sigue siendo detallista, consigue mantener el equilibrio entre la naturalidad y se aleja de cierta sobrecarga en los arreglos del disco anterior. En este punto, deja aparcada la sensación inicial de una vuelta a los trajes de Smog, para en realidad mostrar un nuevo equilibrio entre el pasado y presente de su trayectoria. Hay una mayor sobriedad, que en mi caso agradezco.“Riding for the Feeling”, es un perfecto ejemplo de esta sobriedad templada y clásica. Bill Callahan/Smog, ya solo puede verse como un clásico y un maestro, ajeno a cualquier voltereta instrumental que rodeé circunstancialmente a un disco u otro. Su voz y su talento , se mantienen perennes.La pequeña escaramuza de “Free’s”, con esos aires jazzys y bossa que casi me recuerdan a Van Morrison, ponen en alfombra roja a un final delicioso con “One Fine Morning” y ponen broche final a un disco magnífico. Como no podía ser menos. Coreografo del Cerro
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