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tillögur að löglega afla

The Moth & The Mirror have catapulted themselves back into the Scottish music scene following a brief writing and recording sabbatical. The band are made up of members from an array of Scottish talent continue→

including: Stacey Sievwright (The Reindeer Section, Arab Strap) – Vocals, Guitar; Gordon Skene (Frightened Rabbit) – Guitar, Vocals; Louis Abbott (Admiral Fallow, Song of Return) – Guitar, Vocals; Kevin McCarvel – Bass; Iain Sandilands – Percussion; Peter Murch – Drums.

The band formed after Stacey, Gordon, Kevin and original drummer Murdo MacKenzie were recruited as a backing band for Colin MacLeod aka The Boy Who Trapped The Sun back in 2006. Colin went on to sign a publishing contract with Universal and moved to London. Stacey, Gordon and Murdo had built up such a rapport that they decided to continue as a collective.
The Buzz

Honestly, This World is a phenomenally fluent debut, as the skill and experience of its performers ensure that its meanings, moods and emotions are articulated loudly and clearly. The songwriting can be a little loose and undefined (‘Fire’ is the only bona fide straight-to-the-point pop song), but the ebb and flow of this record’s ambition and scope is nothing to be ashamed of. The Moth & The Mirror have plenty of wonderful ideas in them, and are more than capable of bringing them brilliantly to life. Really, they deserve to be stars in their own right.
— drownedinsound.com

LosThe Moth & The Mirror se han catapultado de nuevo en la escena musical escocesa después de una breve grabación y escritos sabáticos. Integrada por miembros de una variedad de talentos escoceses, que incluyen a Stacey Sievwright (The Reindeer Section, Arab Strap), Gordon Skene (Frightened Rabbit), Louis Abbott (Admiral Fallow, Song of Return), Kevin McCarvel, Iain Sandilands y Peter Murch.

La banda se formó después de que Stacey, Gordon, Kevin y el baterista original Murdo MacKenzie fueran reclutados en 2006 como banda de acompañamiento de Colin MacLeod (alias The Boy Who Trapped The Sun). Colin llegó a firmar un contrato editorial con Universal y se trasladó a Londres. Stacey, Gordon y Murdo habían construido una relación que decidieron continuar como colectivo.–totallyfuzzy

Honestly, This World es un fenomenalmente fluído debut, como la habilidad y experiencia de sus intérpretes para asegurarse que su significado, estados de ánimo y emociones se articulen en voz alta y clara. La composición puede ser un poco floja e indefinida (“Fire” es la única canción pop estandar), pero el flujo y reflujo de la ambición de este registro y su alcance no es nada de que avergonzarse. The Moth & The Mirror tienen un montón de ideas maravillosas, y son más que capaces de traerlos a la vida con brillantez. Realmente, merecen ser estrellas por derecho propio. –drownedinsound.com

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If you want mine you better take all the lies of me
Drag down
No one can see
Market on the bug in no one’s ear
I can see you down
Sideways in my head
Daughters of the world, be on green alert
The scourge of plastic china
So fine in Carolina
Betting my bread on the minister
The alabaster wino
God speaks through that albino
Your frozen enemy came down before the flood
No spies
No one is done
Your tokens of my voice whens will again your fear
No spies
No one is round

A far cry from the lush country arrangements of yesteryear, this is a whole new Bonnie, though still lovable and eerily familiar. continue→

He’s back to making albums under his own, um, name, minus Cairo Gang. The esteemed Emmett Kelly is still in tow however, along with Angel Olsen (of Babblers “fame”). The results are fantastic, but not at all like Wonder Show, nor Beware, Lie Down in the Light, or The Letting Go. Spare and dark, yet complex and ultimately uplifting, Wolfroy Goes to Town requires multiple close listens to unravel its beauty and complexity. Lead single, Quail and Dumplings, is one exception: a lush, inviting tune, but with lyrics that invoke hardship as well as hope (we got empty tummies/but that won’t always be).

If you have liked any prior works of Will Oldham, you’ll find something to like here. If you’re expecting the full country arrangements of his last couple of albums, you won’t find much of that. But you will find some comfortingly familiar voices, and songs that you won’t soon forget.

Muy lejos de los exuberantes arreglos country de antaño, esto es un totalmente nuevo Bonnie, aunque aún amable y misteriosamente familiar. Ha vuelto a hacer álbumes bajo su propio nombre, um, el nombre, menos The Cairo Gang. Sin embargo, el estimado Emmett Kelly sigue aquí, junto con Angel Olsen de los Babblers. Los resultados son fantásticos, pero no del todo como The Wonder Show, Beware, Lie Down in the Light, o The Letting Go. Guardado y oscuro, sin embargo, complejo y estimulante en última instancia, Wolfroy Goes To Town requiere una múltiple y estrecha escucha para desentrañar su belleza y complejidad. El primer single, Quail and Dumplings, es una excepción: una canción exuberante y acogedora, pero con letras que llaman a dificultades, así como también a la esperanza “tenemos estómagos vacíos / pero eso no será siempre”.

Si no te ha gustado ningún trabajo previo de Will Oldham, encontrarás algo que te guste aquí. Si estás esperando los arreglos country que abundaban en sus últimos álbumes, no encontrarás mucho de eso. Sin embargo, encontrarás voces confortablemente familiares, y canciones que no olvidarás pronto. –Michael A. Albert

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Originally, the band was formed as an instrumental band in 2003 with two guitars and drums. Soon after the began adding more members and the band became tighter and Peter started, first in Englishcontinue→

and later in Spanish, to write lyrics. Together with the arrival of North American Jonah Schwartz and his mandolin, the current formation was reached and the band turned its musical visions towards Country and Folk landscapes while maintaining their identity as a Rock band. Like this, the music of Los Álamos both spurs and breaks through the local self-dubbed Narco-Country scene.

Recorded their second album in 2006, “Emboscada”, an EP of rarities, live songs, and covers of some of their favorite musicians: Neil Young, Friends of Dean Martinez, Spacemen 3 y East River Pipe.

The music of Los Álamos is influenced by such luminaries as: Leonard Cohen, Neil Young, Robert Johnson, John Fahey, Bob Dylan, Velvet Underground, Love, Spacemen 3, Spiritualized, Tindersticks, The Cramps and Johnny Cash.

The six ramblers that make up the band haven’t yet stopped for breath and they are continually pushed by auspicious winds at every crossroads. Their songs resound as sharply as gunshot, maybe it’s this that continues waking up the people in every city they pass through …

Originalmente formada como banda instrumental en el 2003, con dos guitarras y batería, poco después comenzaron a agregar más miembros a la banda, se ajustaron, y Peter comenzó, primero en inglés y luego en español, a escribir letras de canciones. Junto con la llegada del norteamericano Jonás Schwartz y su mandolina, la formación de la banda le dio la visión musical hacia paisajes folk-country, manteniendo su identidad como banda de rock. De esta manera, la música de Los Álamos, impulsa a través de la autodenominada escena local Narco-Country.

En 2006 grabaron su segundo álbum “Emboscada”, un EP de rarezas, temas en vivo, y covers de algunos de sus músicos favoritos: Neil Young, Friends of Dean Martinez, Spacemen 3 y East River Pipe.

La música de Los Álamos está influenciado por figuras como Leonard Cohen, Neil Young, Robert Johnson, John Fahey, Bob Dylan, Velvet Underground, Love, Spacemen 3, Spiritualized, Tindersticks, The Cramps y Johnny Cash.

Los seis excursionistas que componen la banda continuamente son empujados por vientos favorables en cada cruce de caminos. Sus canciones resuenan tan marcadamente como arma de fuego, tal vez es esto lo que sigue despertando a la gente en todas las ciudades a través de su paso…–viajeroinmovil

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Si te ha dejado tu novia, si has perdido tu trabajo o estás atravesando una mala racha, no pasa nada, tranquilo, todo está bien, las aguas volverán a su cauce, porque Tom Waits ha sacado nuevo disco y eso suele consolarnos a sus fieles durante, por lo menos, diez años. Curarnos de cualquier dolencia, hacernos compañía o la vida más llevadera. Un noviembre lluvioso como aquel de “The Black Rider” (1993) sirve de escenario a un disco que supone el esperado regreso de Waits con material nuevo bajo el brazo desde “Real Gone” (2004) en el que llegó al paroxismo y feísmo más distorsionado y saturado. Bien visto, ese álbum supuso un punto de inflexión y el posterior directo, “Glitter And Doom” (2009), una brecha en su carrera porque este “Bad As Me” (2011) baja las revoluciones de la experimentación sonora y se asienta en lo que mejor sabe hacer el norteamericano, ese universo inventado por él mismo, ese género a medio camino entre el jazz más desquiciado y nocturno, cacerolas, bidones de gasolina, huesos, marimbas, xilófonos, banjos y guturales, afilados y roncos alaridos propios de una mula.

Aún así, no podemos quejarnos porque esa ausencia de material nuevo no ha sido precisamente una travesía por el desierto. Es verdad que hemos echado de menos canciones nuevas pero, a cambio, hizo nuestros sueños realidad cuando anunció su primera gira mundial y, por primera vez en la historia, con parada en nuestro país. Pudimos verle en directo y durante casi dos horas nos hizo sentir especiales. Así que esta ausencia discográfica la hemos vivido con cierta tranquilidad y sin la urgencia de antaño. Y en este 2011, Tom apareció como si los años no hubiesen pasado por él, un vídeo publicado en su web nos anunciaba la publicación de este “Bad As Me” y nos advertía, con su peculiar sentido del humor, sobre los placeres de escucharlo por primera vez en formato físico y no destriparlo en internet. ¿Le dirías a un amigo que su mujer espera un bebé aún cuando ésta aún no se lo ha dicho y está esperando en casa para darle la sorpresa? Y nos proponía una peculiar forma de escucharlo en su coche, bajo su atenta mirada. ¡Tom Waits había vuelto!

Poco a poco se fueron desvelando los secretos del nuevo álbum. El ya clásico Marc Ribot de nuevo a la guitarra, Casey Waits (su hijo, al cual pudimos ver en la gira), David Hidalgo, Clint Maedgen, Ben Jaffe, Larry Taylor, Patrick Warren, nada más y nada menos que Keith Richards colaborando de nuevo a la guitarra en algunos temas y los geniales Flea y Les Claypool al bajo, entre muchos otros, para darle forma a las canciones firmadas por Waits y Brennan. Imposible no acertar con estos ingredientes.

Tom se pone su mejor disfraz, el de Waits y nos montamos en un tren nocturno lleno de timbas de póker, humo, alcohol y mujeres, traqueteando por unas vías chirriantes mientras él aulla “Chicago”, el primer tema del disco, con Richards a la guitarra. Desbocado, alocado, demente, atormentado y alocado. “Raised Right Men” es diabólica, mefistofélica, siniestra y la voz de Waits, de nuevo protagonista, gruñe, se desgañita y balbucea en nuestros oídos mientras Casey marca el ritmo a base de estacazos y Flea aporrea el bajo. “Talking At The Same Time” es el clásico medio tiempo marca de la casa, arreglos de piano, de metal, escobillas y una guitarra que se estrangula con un vibrato magistral y Tom nos llora cercano al falsete de un borracho.

“Get Lost” heredera del rock n’ roll de los cincuenta pero pasado de vueltas, muy parecido al tono de “Lie To Me” pero con la voz de nuevo siendo el principal atractivo. “Face To The Highway” es otro tema propio de Waits, uno de esos que encajan perfectamente mientras lees literatura beat en tu cama e imaginas esas calurosas noches de alcohol, jazz y desamores en sepia.

“Pay Me” con su acordeón acaricia el sobresaliente en la clásica balada que todo disco de Waits debe tener, doliente, sentida y rozando el encanto tabernario. “Back In The Crowd” sí supone un notable giro de timón, romántica y brillante en su desarrollo musical, cincuentera, sesentera, fronteriza y mestiza. Y volvemos al ring con “Bad As Me”, que da nombre al disco, una declaración de principios, la guitarra de Ribot es una maravilla.

La más jazzy es “Kiss Me” mientras que Les Claypool progresa adecuadamente y encaja a la perfección con su mentor Waits en “Satisfied”, nunca imaginé que Claypool de Primus pudiera llegar a tocar con Tom y Keith Richards en la misma canción, una idea que puede llegar a resultar marciana pero que en la práctica suena magistral y nada carente de sentido. “Last Leaf” vuelve a ser otra balada propia del de Pomona que se rasga por la mitad con “Hell Broke Luce” y unos zapateos que sirven de fondo al Waits más cavernoso, la más experimental pero a la vez más pegadiza. Para despedirse, “New Year’s Eve”, en ese registro tan emotivo que sabe manejar tan bien.

Da igual lo que te haya ocurrido, Tom Waits ha sacado nuevo disco y eso basta para superar cualquier problema por amargo que sea el trago. Una nueva obra maestra. –Blogofenia

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For a mix of songs made at different times, Real Estate’s self-titled 2009 debut was impressively consistent. Given how well the New Jersey band fused disparate moments, you had to figure they could reach even greater heights were they to craft their next set all at once. They did just that last winter, and the result is indeed a step forward. continue→

Cleaner, sharper, and just plain stronger, Days is like a single idea divided into simple statements– a suite of subtle variations on a theme.

Its coherence sounds remarkably effortless, as if stringing together catchy gems is as easy as, in the words of one song, “floating on an inner tube in the sun.” Interestingly, Real Estate actually acknowledge this sense of ease. The opener is bluntly titled “Easy”, and references to carefree simplicity abound. As singer/guitarist Martin Courtney puts it, “If it takes all summer long/ Just to write one simple song/ There’s too much to focus on/ Clearly there is something wrong.” But the band’s celebration of the uncomplicated is less about how Days was written than about the beauty of life seen in retrospect, especially young life in small towns.

Like the stirring scenes of suburban Texas in Terrence Malick’s The Tree of Life, these songs find meaning in daily mundanities– in houses and gardens, phone lines and street lights, names carved in trees and leaves pressed by footsteps. “All those wasted miles/ All those aimless drives through green aisles,” sings Courtney wistfully. “Our careless lifestyle, it was not so unwise.” That sentiment was evident on the band’s debut, but here they’ve honed it to its essence.

The music bears a simplicity to match. These aren’t minimal songs by any means, but the layers of cycling guitar, rolling rhythm, and gentle echo are always understated, more about conveying feeling than showing off the band’s considerable chops. There’s also a smooth efficiency in these rich tunes. No note feels wasted, and nothing happens at the wrong time or in the wrong place. Much of this precision comes from guitarist Matt Mondanile, whose nimble playing adds color to each song’s shape. It’s most noticeable in the insistent “It’s Real”, but I’m even more taken with his sonic smoke rings in “Out of Tune”, and how his shimmering guitar evokes sunrays mingling through branches and sparkling off pools.

That idyllic tone permeates Days, and in lesser hands could deprive it of tension or variety. But Real Estate have such a knack for classic-sounding melody that every song quickly engages on a musical gut level. It’s a quality their music shares with the jangly hooks of early R.E.M., the breeziness of later Pavement, and the garage twang of the Fresh & Onlys. But their closest kin are New Jersey forefathers the Feelies. That group’s undying ability to mine repeated chords and Zen phrases is matched best by the album’s closer, “All the Same”, a looping study of how night and day are merely sides of the same coin. Lasting over seven minutes, it might be Real Estate‘s first epic. But it’s as subtle and unassuming as anything on Days— more evidence from this band that great music doesn’t have to sound hard to make, even if it is.

Para una mezcla de canciones hechas en momentos diferentes, el auto-titulado debut de Real Estate en 2009 fué impresionantemente consistente. Teniendo en cuenta lo bién que la banda de New Jersey fucionaba momentos dispares, uno tenía que calcular la escalada que podrían llegar a idear en siguientes colecciones. Es lo que hicieron el invierno pasado, y el resultado es sin duda un paso adelante. Más limpio, nítido, y fuerte, Days es como una sencilla idea dividida en simples estados – una suite de sutiles variaciones sobre una temática.

Su coherencia suena muy fácil, como si uniendo gemas pegadizas fuera tan fácil como, en palabras de una canción (Easy), “flotara en una cámara de aire bajo el sol.” Curiosamente, Real Estate reconoce esta sensación de tranquilidad. El primer tema es francamente titulado “Easy”, y abundan las referencias a la simplicidad despreocupada. Como Martin Courtney dice, “Si tomas todo el verano / Sólo para escribir una canción sencilla / Hay mucho en que enfocarse / Es evidente que hay algo mal”. Pero la celebración de la banda con lo sencillo es menos acerca de como Days fué escrito, que sobre la belleza de la vida vista en retrospectiva, en especial sobre la vida joven en pueblos pequeños.

Al igual que las escenas de suburbios de Texas en el film de Terrence Malick (The Tree of Life), estas canciones encuentran significado en mundanidades diarias – en casas y jardines, líneas telefónicas y alumbrado público, nombres tallados en árboles y las hojas prensadas por el caminar. “Todas esas millas desperdiciadas / Todo ese andar sin rumbo por pasillos verdes”, canta con nostalgia Courtney.

“Nuestro estilo de vida descuidado, no fué tan imprudente”.

–Pitchfork

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“Uh, ¿invisible dices? Bueno, es fácil ser invisible si de verdad lo deseas. Es sólo una cuestión de actitud”

“Es extraño lo atractiva que puede ser la indiferencia” (“The Scientist Writes a Letter”, Tom Verlaine)

“Me gusta pensar que soy invisible. Le encuentro muchas ventajas. Desafortunadamente, el negocio musical no funciona así. Si no creas algún tipo de imagen pública, la crean los demás por ti”.

Puede que a eso sea a lo que se ha dedicado estos últimos años, a hacerse lo más invisible que le permiten sus necesidades. Afortunadamente nos quedan sus discos, una obra que, revisada hoy, se nos muestra mucho más variada y compleja, y al mismo tiempo más accesible, menos esquinada que cuando fué publicada.

“Songs and other things”, a pesar de desconcertar en una primera escucha (¿para qué empezarlo con otro instrumental cuando simultáneamente publicas uno entero, “Around”, sin palabras?; además, uno diría que retorcidamente, coloca las canciones más ásperas al principio), pero poco a poco nos va descubriendo sus encantos.

Los solos suenan menos espectaculares, más concentrados pero igual de efectivos, y aunque uno puede echar en falta alguno de esos largos monólogos guitarreros que sólo él parece oír, a cambio nos compensa con un sinfín de dibujos, melódicos a veces, más rudos otras, siempre inconfundibles, que arropan una colección de canciones que barren de un plumazo el mal recuerdo de “The Wonder”. A veces creando ambientes que discípulos aventajados como Yo La Tengo frecuentan, como en “A Stroll”; otras revisitando algo que podríamos llamar folk rock neoyorkino en “Orbit” o la majestuosa “The Earth is in the Sky”; componiendo las canciones que ya no hace Lou Reed (“Lovebird Asylum Seeker”); subiendo los amplis para atacar un riff de esencia garajera en “All weirded out”, o divirtiéndose trazando espirales sicodélicas durante “The day on you”. No, no es “Flash Light” o “Dreamtime”, si es que alguien lo esperaba, pero, por si hacía falta demostrarlo, por mucho que su nombre llene la de boca de unos y otros, nadie suena como Tom Verlaine. No se si en un mundo en el que las novedades duran menos de un suspiro, todavía hay gente que esté dispuesta a dedicar el tiempo que discos como éste necesitan. Puede que a veces no nos ponga las cosas fáciles, pero más que nunca necesitamos a personajes como Tom Verlaine, sin miedo a volverse invisibles en un ambiente en el que los asesores de imagen vuelven a ser importantes, todavái ajenos ajenos al devenir de modas que vienen y van y no nos dejan más que hojarasca. –Ultrasónica

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